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HEMEROTECA » |
GUILLERMINA PERALES
En Alicante, existen pocos analistas de la cultura que de alguna manera divulguen su pensamiento, no porque falten eventos artísticos que comentar sino porque ya resulta cansino el manifestarse sobre la falta de rigor de nuestras instituciones en la escasa calidad de las exposiciones que promueven, la nula proyección de nuestros artistas o el olvido de nuestro pasado. Sobre todo cuando no hay una respuesta coherente a estas críticas de los expertos. No creo que éste sea un problema exclusivo de esta ciudad, pero es cierto que aparentemente Alicante se ha despreocupado del funcionamiento de las instituciones, tanto públicas como privadas, y que casi nadie realiza juicios sobre la falta de idoneidad de las políticas que sobre cultura se llevan a cabo. También existen algunos "gestos" que sí cumplen con los mínimos y que, en algunos casos, son de aplaudir, ahí está para sorpresa de todos el excepcional funcionamiento del MARQ. La mayoría conocemos esta situación y nos sentimos perjudicados, conscientes del capital artístico que posee esta tierra, pero ¿de qué nos sirve? Creo que una sociedad moderna debe ser participativa y estar comprometida con todos los individuos que la forman. En la política todo se desgrana, se mira con lupa, llegando a los excesos de información donde lo realmente importante queda oscurecido en enfrentamientos verbales y en artículos, muchas veces, tendenciosos. En los deportes todo se discute, las estrategias de Luis Aragonés o la vida nocturna de Ronaldinho. En cambio, de la gestión de las artes plásticas y las cuestiones que le conciernen prácticamente no se sabe nada. Si un concejal, de esto hace tan sólo cuatro o cinco años, compró esculturas sin ningún tipo de asesoramiento y las colocó por su gusto donde su gusto le dio a entender, es curioso pero prácticamente no se piden responsabilidades. Si la colección CAPA se llevó cerca de 400 millones de pesetas y no dejó ni un clavo, después de su estancia en Alicante, a nadie parece que afecte, a pesar de las noticias y críticas en los periódicos. Que no tengamos un museo de arte contemporáneo, a estas alturas, parece que esto tampoco compete a nadie. Si el turista quiere ver pintura o escultura de nuestros artistas, seguramente le informarán de su recaudo en almacenes donde nadie puede verlas. Las obras más representativas están en los despachos y pasillos de las instituciones. Todos conocemos esta situación tan absurda, pero ¿de qué nos sirve? Una de las mayores preocupaciones de los responsables del MUBAG es no entrar en un solapamiento con la actividad expositiva del MACA. Es increíble, pero ninguno de los dos centros de arte tiene un programa expositivo en curso que promueva la visión de las obras que forman parte de su colección.
Seguramente, en otro momento, dentro de unos años, alguien, desde la universidad o desde la opción personal, nos hable con objetividad de lo ocurrido durante los sesenta años transcurridos, desde la terminación de la guerra hasta nuestros días, y no tenga miedo de hacerlo. Ya que en estos momentos por unas razones o por otras sólo algunos denunciamos los escasos eventos de calidad contrastada que se producen en Alicante. Pero esto no es suficiente, no sirve para justificar toda una serie de grandes vacíos en los que, sobre todo, los artistas de esta ciudad están desaparecidos y olvidados. Prácticamente, pocos de ellos hacen público estas deficiencias que les incumbe no sólo a ellos como tal artistas sino a todos los anteriores que no poseen en esta sociedad el lugar que por derecho propio merecen. Si la obra de Varela, Baeza, Pérez PizarroÉ no es conocida por los alicantinos actuales, está claro que algo falla en esta sociedad. Un artista o una persona culta no es solamente un personaje con habilidades o conocimientos técnicos suficientes, es también un crítico con su presente y con su historia. Por ello adquiere un compromiso con la sociedad, en la medida en que se vea en la obligación de poner en activo las cuestiones que forman parte de nuestra historia, para poder así entender el significado de nuestro presente. Nuestra falta de resolución, por miedo a quedar relegados de los medios del poder o por saciedad ante la negligencia de los responsables de cultura, es y ha sido la causa de la desidia actual. Los políticos lo agradecen pues parece que nadie puede cuestionar su trabajo, en todo caso casi nos sentimos obligados a aplaudir lo muy desacertado que se haga, pues seguramente se podría hacer todavía menos y peor, aunque es difícil.
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