EFE
Todas las esculturas son figuras femeninas. "No sé por qué, pero me salen siempre mujeres", comenta Valdés mientras pasea por la Rambla, posa para algunos espontáneos ante sus ciclópeas obras o saluda a algunos ciudadanos que se le acercan.
"En algunos lugares en los que se han instalado las esculturas no me acababa de gustar el resultado final, pero aquí en Barcelona, en esta Rambla con tanta circulación de gente, es un sitio magnífico", declara sin olvidar que "en Nueva York se exhibieron con nieve".
Manolo Valdés (Valencia, 1942);, cofundador del Equipo Crónica y hoy uno de los artistas plásticos contemporáneos españoles de mayor proyección internacional, vive habitualmente en Nueva York, pero esa circunstancia no impide que se muestre cercano y accesible en todo momento.
En el recorrido por las 17 esculturas, cuatro de ellas realizadas expresamente para Barcelona, los temas son reiterativos en su trayectoria artística: la Dama de Elche, la reina Mariana y la infanta Margarita inmortalizadas por Velázquez en "Las Meninas", y la Gran Odalisca de Ingres.
El resultado son diecisiete iconos que representan la belleza, la emoción y el valor de las creaciones del espíritu humano más allá del tiempo.
De una de sus series más representativas, los "Colosos", la exposición, que estará instalada en Barcelona hasta el 15 de junio, muestra tres piezas rematadas con sombreros curvo, en cruz y cuadrado, respectivamente.
"En la parte inferior de estas obras, el rostro convencional resulta estático, mientras que en la parte superior de cada cabeza, el tocado se convierte en todo lo contrario, en una imagen del movimiento, como si fueran dos esculturas completamente diferentes", anota el artista.
Apenas unos leves trazos sirven de metáfora de los rostros, en los que desaparecen los rasgos faciales y la expresividad.
Sobre esas desnudas cabezas, son parte esencial los tocados, que adoptan diversas formas, unas veces aéreas, sutiles y transparentes, y en otras ocasiones, un bloque macizo.
Los sombreros parecen en ocasiones caídos del cielo, mientras que en otras dan la impresión de emerger del propio interior de la cabeza.
En el centro del recorrido escultórico, cinco figuras remiten a la quizá obra más célebre de Valdés, las figuras de Las Meninas, que por azar coinciden en la ciudad con una exposición en el Museo Picasso sobre la fascinación que el clásico de Velázquez ha producido a lo largo de la historia del arte.
"Velázquez -subraya el artista- siempre ha estado en mi corazón y mi cultura, y siempre me ha impresionado, y al ver cómo otros artistas, entre ellos Picasso, habían interpretado el cuadro se produjo el mimetismo del 'yo también podría hacerlo'".
Frente a esos artistas que huyen del trabajo sobre el cuadro que están releyendo, Valdés indica que nunca le ha preocupado la "originalidad" y confiesa sin ambages: "no me importa volver una y otra vez al mismo tema, volver al repertorio, como dicen los cantantes de ópera".
Y añade: "Me ha servido el ejemplo de los artista pop, como Warhol, que han cobrado importancia a nivel internacional a base de insistir sobre el mismo tema".
El arte pop le ha proporcionado otra sabia enseñanza, "esas escalas enormes, por las que una pequeña cabeza de un personaje de Velázquez se puede convertir en una escultura monumental".