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HEMEROTECA » |
ESMERALDA MARUGÁN
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espués de tantos años siendo otras y de serlo siempre extraordinariamente, ¿sigue el gusanillo antes de cada función?
Sí. Esta profesión es muy efímera. Cuando ha terminado la función no queda más que el perfume y el recuerdo, por lo que siempre que me meto en un nuevo proyecto, no te digo que sea como la primera vez, pero sí que mi inseguridad y todas esas cosas aparecen muy fuertes y es después, cuando el proyecto es una realidad y como en este caso, que todo ha salido muy bien. Hemos hecho ya muchas funciones, pero sigo sintiendo un hormigueo antes de comenzar. Me preparo, iba a decir espiritualmente, pero para hacer una comedia de Feydeau parecería muy pretencioso. Pero sí hay un recogimiento para dar lo mejor: que no me traicione la falta de concentración y todos los peligros que acechan al actor. Y eso sigue siendo para mí un motivo de felicidad y de temor.
Para tener éxito, ¿qué es más necesario talento o suerte?
Hay un talento inicial de servir para algo como en todas las profesiones. No todos los que estudian cirugía pueden llegar a ser buenos cirujanos. Para ser un buen actor se necesita tener unas extraordinarias cualidades y, si las tienes, hace falta trabajar muchísimo toda una vida y tener muchísima suerte y, además, saber aprovecharla.
En este personaje de nuevo la dura convivencia entre las parejas, pero sin el drama que en la anterior obra, "Play Strindberg".
Sí, creo que a estas alturas puedo permitirme un poco de relax, un poco de diversión en medio de personajes tan duros. Por eso me he puesto en manos de uno de los mejores directores europeos, Georges Lavaudant. Y estoy encantada.
No hay dos sin tres, en cuanto al tema...
Efectivamente para primera vez fue con Marsillach en "¿Quién teme a Virginia Wolf?" y era completamente en serio. En Strindberg es una seriedad irónica, con gesto de burla. Y en "Hay que purgar a Totó" es pura comedia, puro disparate. Pero las tres hablan de la dureza de las relaciones entre hombre y mujer y de las dificultades del matrimonio. Y como he estado casada 39 años, soy la persona indicada para hacer esa crítica. La gran diferencia es que a nosotros nos fue bien, mi marido Armando Moreno se dedicó a que yo creciera, como persona y mujer: nuestra relación no era una resta ni un drama. Cuando es así, hay que cortar.
¿Cómo está ahora?
Estoy sana, feliz y relajada, con la calma interior de quien recoge lo que ha sembrado. Con "Hay que purgar a Totó" no estoy atormentada como con otras interpretaciones. Estoy cantando y bailando, antes y después de cada representación.
¿Marca el personaje su vida de antes y de después del teatro?
Sí, haces una vida diferente. Ha habido personajes que requerían todo, desde dormir más horas, a no hablar nada ni antes ni después. Con el de ahora soy dueña de mi energía.
¿Le apetece estar de gira por provincias y recorrer España de escenario en escenario?
Yo adoro las giras. Me parece un contacto con otros públicos, con otras cosas. Veo otras catedrales, paseo por sitios diferentes... He hecho muchas giras y en algún momento me he cansado de ellas, pero ahora me apetece. Creo que sabré ver en cada sitio cosas distintas.
¿Y qué supone para usted estar en Alicante?
Es una ciudad que me encanta, con un público que sabe apreciar el buen teatro, de los que guarda silencio y te acompaña con la risa. En el Teatro Principal de Alicante he vivido muy buenas experiencias. Es acogedor y te hace sentir que estás en casa. He recibido premios importantes en él y era uno de los lugares deseados de nuestra gira. Además aquí tengo amigos de esos que están contigo también cuando acaban los aplausos. Pasear por la Explanada y respirar el olor a mar me hace encontrarme conmigo porque como dice Serrat, "yo nací en el Mediterráneo".
Desde su primer éxito con "Medea" cuando sustituyó a Elvira Noriega y después de haberla repetido a lo largo de los años, ¿es la mujer que más le ha marcado?
"Medea" la he representado muchas veces y es la obra que me dio el paso definitivo para ser actriz, pero no ha sido premeditado. La interpreté con solo 18 años y ese éxito ha marcado todo mi repertorio, lo que los demás piensan de mí. Después, con nuestra compañía, Armando y yo volvimos a hacer "Medea", años más tarde, en Mérida y con Tamayo y con Luis Pascual... y más tarde dirigí a Irene Papas en esa obra. También la hice con Paco Llanes. Pero no estoy en casa diciendo: "Tengo que hacer "Medea"". Simplemente, surgió un proyecto y resurgió con fuerza. Nunca tengo, ni tendré, la impresión de que sé cómo se hace.
Ha dirigido teatro y ópera. Pero ¿qué prefiere, dirigir u obedecer?
Soy más feliz cuando estoy a las órdenes de otros. Cuando dirijo tengo mucha ansiedad e inseguridad. A las órdenes de los otros, como son siempre gentes en las que confío y elijo, estoy más protegida, pero de cada cosa si pones todo, te queda algo y eso es lo que importa.
¿Cómo ha compaginado su vida profesional con la de mujer y madre?
Todas las mujeres que trabajamos y que también somos madres y además, en un trabajo como éste, somos, sin duda, unas madres diferentes. Mi madre fue la salvación. Cuando tuve a mi primera hija, ella tenía 40 años y estaba en la plenitud de su vida y me ayudó muchísimo. Sin ella no hubiera podido dedicar al trabajo las cientos de miles de horas que le he dado. La desventaja está en que el hombre sigue sin adaptarse a este gran cambio que ha hecho la mujer. Ya se le ha acabado el ser servido y tener el poder absoluto. Ahora tiene que aprender que la vida en pareja es de dos y que la mujer necesita reafirmarse como persona lo mismo que él. Y que de la misma forma que un hombre se siente desdichado si no encuentra trabajo, lo es una mujer ante esa circunstancia. Pero, pese a todo, se ha avanzado tanto, que parece imposible. Ha habido una revolución enorme.
¿Qué ha tenido que decirle Ventura Pons para que le dijeras "sí" para interpretar "Mapa"?
Simplemente me dejó un guión y me gustó. Y se acomodó con mucha generosidad a mis problemas de fechas. Después de "Actrices" sabía la manera íntima con que rueda Ventura.
¿Qué le diría a las mujeres?
Que no se parezcan nada a la mujer que hago en "Hay que purgar a Totó". Y que tanto mujeres como hombres caminemos solidariamente para que desde la cultura y la educación ganemos la partida a las diferencias que nos discriminan, además de aceptar a lo distinto, como parte de la riqueza de unos con los otros.
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