EFE.
MIAMI (EE UU);
L
a niña estadounidense que se ha convertido en el bebé más prematuro del mundo, nacida en un hospital de Miami (EEUU);, permanecerá ingresada en él «dos días más» como medida de precaución, informó ayer el centro médico. Los especialistas en cuidados neonatales del Hospital Infantil Baptist de Miami determinaron que «la bebé permaneciese en observación dos días más», dijo su portavoz, Georgina González.
Amillia Taylor, que tan sólo había pasado 21 semanas dentro del útero materno (unos cinco meses);, superó todas las complicaciones y ayer iba a ser dada de alta. Sin embargo, pese a que su pronóstico es muy bueno, los expertos prefieren que permanezca un par de días más en la unidad de cuidados intensivos para bebés nenonatales del hospital.
La madre, Sonja Taylor, de 37 años, tuvo que ser sometida a cesárea el 24 de octubre pasado y, pese a que los médicos que asistieron al alumbramiento tenían pocas esperanzas de que la pequeña sobreviviera, Amillia «pudo superar todos los obstáculos», señaló González.
La madre debía haber dado a luz en torno al 6 de marzo próximo. Cuando nació, la niña, que cuenta ahora con 17 semanas de edad, pesaba apenas 283 gramos y medía 24 centímetros, más o menos la longitud de un bolígrafo. Casi cuatro meses después de su nacimiento, pesa dos kilogramos y ha superado satisfactoriamente problemas respiratorios y digestivos, así como algún tipo de hemorragia cerebral.
Los especialistas se mostraron optimistas y manifestaron que es un bebé saludable y que su estado de salud es lo suficientemente estable como para que sus padres se la lleven muy pronto a casa. «Estoy todavía asombrada», expresó Sonja Taylor, e indicó que, «aun cuando la niña sólo pesa dos kilogramos, me parece gordita».
La supervivencia de Amillia es descrita por los médicos del hospital como un «milagro» y, según el registro de neonatos prematuros elaborado por la Universidad de Iowa, ha batido el récord del mundo de esta categoría. No se conoce que ningún bebé haya sobrevivido tras un período de gestación menor a 23 semanas. Cuando nació no necesitó respiración asistida e incluso realizó varios intentos por llorar.