J. A. GIMÉNEZ
I
sidoro Moreno habló ayer en Alicante sobre los símbolos sacralizados y la libertad de expresión a partir de sus reflexiones antropológicas a propósito de la polémica sobre las caricaturas de Mahoma. ¿Qué opina sobre la crisis que provocaron esas famosas viñetas
Este caso lo cojo como significativo para enmarcarlo en otra serie de situaciones también relacionadas con los símbolos sagrados, que no sólo son de tipo religioso, sino que hay una pluralidad, como las banderas nacionales o los ideológicos.
Pero el fundamentalismo se asocia enseguida al término religioso.
Hay que insistir en que no es un ámbito relacionado exclusivamente con la religión. En las sociedades desarrolladas y laicas también se sacralizan otras cosas, por ejemplo, la libertad de expresión. Se sacraliza todo lo que considera un absoluto, todo aquello sobre lo que pensamos que no caben interpretaciones o matizaciones. Se puede tener como absoluto a El Corán y también a un repertorio de derechos, lo que provoca una polémica entre dos tipos de fundamentalismos: uno religioso y otro laico.
Bien, pero la diferencia es que el primero responde con violencia.
En la cuestión de las viñetas se trató de una provocación consciente. Se buscaba demostrar la intolerancia de los islámicos y se demostró, pero eso es igual que poner una cerilla en un bote de gasolina.
En el caso de que no hubiera sido provocado, la respuesta, seguramente, habría sido la misma.
Más que de derecho a la libertad de expresión, ese caso fue una contraposición de fundamentalismos.
Difícil se antoja la solución...
Es necesario desacralizar las creencias y las convicciones, sin que esto signifique rehusar de ellas, como medio para poder convivir en sociedades crecientemente pluriculturales. Yo critico el absolutizar un punto de vista haciendo ver que no es un fundamentalismo, y defiendo la contextualización necesaria de cualquier convicción o idea. Nadie que sea fundamentalista reconoce serlo.
Los medios también influyen.
Estamos en una sociedad del espectáculo y un debate de ideas no vende. Es una gran hipocresía decir que en Occidente tenemos garantizada la libertad de expresión. Iremos a mal si no promovemos un reconocimiento entre las distintas culturas. Hay que sensibilizarse sobre lo que puede molestar al otro.
¿Fue por eso por lo que en Nueva York sólo desfilaron los Cristianos de Alcoy, sin los Moros
Eso me pareció una burla al propio contenido de la fiesta. Tratar de ocultar el dualismo atenta contra los valores de la fiesta. Además, eso refleja que el discurso de la tradición y de no cambiar ningún elemento, como la incorporación de la mujer, queda desnudo. Para seguir siendo una fiesta comunitaria debe abrirse a todos los sectores de la sociedad pública, entre ellos a las mujeres.
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