EFE
"Esa ciudad" narra la historia de Nicolás Garraiz, "un individuo poco potable" según el autor, y de profesión periodista que, huyendo de un pasado gris y de un amor adúltero y sin futuro, pretende rehacer su vida en Capitolia.
En una entrevista con Efe, Pastor afirma que para él Capitolia es "una amalgama de varias ciudades, ninguna en concreto", se trata de una urbe "con un horizonte rancio, de mugre", que a la vez se presenta como "ultracatólica y ultraindependentista".
Además de dar a Capitolia un carácter "vetusto y tecnológicamente menos avanzado", Pastor utiliza un lenguaje escatológico con el que inunda muchas páginas de "podredumbre", en el que "la mierda y los insectos también están presentes".
El libro comienza con la frase "de oro, merengue y plomo: tal que un torerito de diseño me brindaba el cielo la luz de esta mañana", toda una declaración de intenciones sobre el tipo de prosa que encontrará el lector a lo largo de sus más de cuatrocientas páginas, una lectura que Pastor reconoce como "poco fácil".
El autor dice que esta novela le ha costado "seis o siete años de escritura más otros tantos de pensarla", y reconoce que se trata de una novela alejada de los tópicos de siempre, hecho que puede hacer más difícil la lectura, ya que "la densidad de prosa puede hacer que se entre o no, algo completamente legítimo".
Cambios de estilos en las letras, símbolos extraños, ningún capítulo, y palabras descompuestas o aparentemente sin sentido son algunos de los recursos que utiliza Pastor "para que la lectura tenga ritmo", y aunque para ello sea necesario "forzar las normas clásicas de puntuación" el autor lo hace "sin ningún problema".
Pastor aspira "a ser inteligible", afirma que en la elaboración de "Esa ciudad" no pensaba "en ningún lector tipo", y reconoce que "teniendo en cuenta cuál es el contexto de gran venta" sabe que "tiene poco que ver con eso", si bien cree que "cualquier aficionado a la lectura con tiempo y paciencia" se puede enganchar a su relato.
El escritor madrileño admite que con su novela se "pueden sentir ofendidas miles de personas", ya que está plagada de una fina ironía, pero en todo caso asegura que por su parte "la intención de provocar no está presente", ya que se limita a escribir lo que le apetece, y en el fondo "que una novela ofenda o conmueva" le parece "una de las mejores cosas que se pueden hacer".
Pastor critica con "Esa ciudad" las novelas de "capitanes alatristes", un tipo de "literatura tópica" que el escritor rechaza de plano, asegurando que en su obra "hay una cierta parodia del género", y por ello aprovecha el final del libro para "descargar un hachazo estupendo".
De hecho, el autor se ríe "del mapita secreto, de la clave oculta o de la aventurita", porque es un tipo de novela "que no aporta absolutamente nada", y declara que aspira a "sacar cosas de cierto nivel y que no todo sea prosita digerida del estilo Rosa Montero".
Pastor se considera un autor "bastante alejado del gremio y lo que rodea la profesión", y por ello considera que "lo bueno se acaba cuando se acaba el libro", porque el resto es "puramente extraliterario y no tiene nada que ver con la idea de escribir".
Javier Pastor opina que "la literatura es un pretexto ideal para crecer", escribe porque después de 35 años no puede evitar seguir haciéndolo, y afirma que "aunque haya gente empeñada en demostrar lo contrario" su trabajo es un oficio "modesto, paciente, solitario y muy humilde".
Esta es la segunda novela de Javier Pastor, desde la publicación de "Fragmenta" en 1999, de la que vendió entre 3.000 y 4.000 ejemplares, y con la que consiguió cubrir los gastos de edición y "poco más", ya que únicamente "hubo pequeños beneficios".