CRISTINA MARTÍNEZ
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ás de 4.000 personas visitaron la exposición «La Faz de la Eternidad» el pasado domingo, en una jornada de puertas abiertas con motivo de la clausura. Con esta cifra son más de 570.000 personas las que han recorrido las tres sedes de esta muestra, organizada por la Fundación la Luz de las Imágenes y cuyas tareas de desmontaje comenzaron ayer, una labor que se prolongará a lo largo de un mes hasta que las 300 piezas que se han exhibido vuelvan a su lugar de origen.
Una veintena de técnicos, entre especialistas en manipulación de arte y operarios comenzarón ayer a trabajar en la Concatedral de San Nicolás de Alicante y en el Monasterio de la Santa Faz, cifra que se elevará a un centenar cuando se inicie el transporte y la eliminación de la infraestrucutra. En la tercera de las sedes, la Basílica de Santa María de Alicante, las tareas se iniciarán mañana, tras finalizar en el edificio que guarda el sagrado lienzo.
Joaquín Vidal, responsable del montaje de la exposición, que se inauguró el pasado 16 de mayo, destacó que el proceso pasa por desmontar las obras, tarea que se espera este finalizada esta semana; por embalarlas; por transportarlas hasta sus lugares de origen, para lo que se cuenta con tres camiones, y finalmente por volverlas a ubicar en sus espacios «o dónde nos digan los párrocos, en el caso de las iglesias». Y es que se han exhibido piezas procedentes de 52 países, el 80 por ciento de ellas cedidas por instituciones eclesiásticas. «Algunas obras se colocarán en cajas de madera para su transporte, bien por seguridad bien porque la institución que la presta así lo exige. En el resto de casos se protegen las zonas más delicadas con planchas de espuma y con papel cebolla».
Aún así, si ocurriera algún percance, la Luz de las Imágenes, dependiente de la Conselleria de Cultura, ha asegurado la exposición por un valor de más de 25 millones de euros.
Ayer, todas las miradas se centraba en el retablo de Aspe, colgado en San Nicolás. «Es una de las obras más difíciles para desmontar por el tamaño, casi 5 metros». Por eso se precisó un andamio especial y una vez que todas las partes estaban en el suelo, se embaló por trozos. «Lo bueno es que en el Barroco, los retablos ya se hacían por piezas que iban encajando».
Otra de las obras que ofrecerá cierta dificultad, en este caso por el peso, será la pila bautismal de Santa María. «Necesitamos un puente grúa porque es muy pesada», aseguró Vidal.