Antonio Dopazo
Nacionalidad: Francesa. Producción: Europa Corp./TF1 Films/Grive Productions/Apipoulai Productions. 2008. Director: Olivier Megaton. Guión: Luc Besson y Robert Mark Karmen. Fotografía: Giovanni Fiore Coltellacci. Música: Alexandre Azaria. Intérpretes: Jason Statham, Natalya Rudakova, François Berleand, Robert Knepper, Jeroen Krabbe, Alex Kobold, David Atrakchi, Yann Sundberg, Eriq Ebouaney, David Kammenos, Silvio Simac. 100 minutos.
En la misma línea que las dos entregas anteriores, la que dirigió Corey Yuen en 2002 y la firmada por Louis Leterrier en 2005, que dieron un más que aceptable resultado en taquilla y que han contribuido a popularizar la figura del actor británico Jason Statham. La única novedad es que aquí irrumpe el factor romántico, de forma que el protagonista se enamora, pero lo hace con muy escasa capacidad de fascinación. El toque de humor que se confiere a las numerosas secuencias de acción, exagerando hasta niveles irrisorios las piruetas del protagonista, permite que se digieran con más facilidad y que no resulten molestas. Sin dejar de lado que Corey Yuen sigue supervisando las escenas de lucha y artes marciales, que tienen así un esmerado acabado. Otra cosa, por supuesto, es el guión de Luc Besson y de Robert Mark Karmen, creadores del protagonista, que involucra a Frank Martin, el supuesto transportista dedicado a misiones muy delicadas y peligrosas, en una tópica e inverosímil aventura ecologista. Y es que hay villanos empeñados en importar residuos tóxicos a Ucrania al precio que sean, secuestrando incluso a la hija del principal enemigo del tema, el ministro de Medio Ambiente. El caso es que Frank Martin ha de enfrentarse ahora a Jonas Johnson, un ex Fuerza Delta que ahora trabaja de responsable de seguridad de una Corporación de Residuos, convirtiéndose en la única esperanza para que esa amenaza no se consuma y en el protector de Valentina, la hija del ministro, una bella muchacha que despertará en él unos sentimientos amorosos inéditos. De este modo se cubre un expediente más bien ramplón, donde las escenas románticas están fuera de contexto, que solo se salva en ocasiones por lo vibrante de algunos momentos.