Antonio Dopazo
Nacionalidad: USA. Producción: Dimensión Films. 2008. Guión y dirección: Craig Mazin. Fotografía: Thomas E. Ackerman. Música: james L. Venable. Intérpretes: Drake Bell, Sara Paxton, Christopher McDonald, Leslie Nielsen, Kevin Hart, Marion Ross, Ryan Hansen, Keith David, Brent Spinner, Robert Jon, Jeffrey Tambor. 85 minutos.
Superando en negativo, aunque parecía imposible, los resultados de la serie “Scary movie” y del bodrio “Disaster movie”, estrenada hace solo unas semanas, esta especie de mofa de las cintas de superhéroes provoca a la vez rubor e irritación. Este segundo largometraje de Craig Mazin, que fue guionista de varias de las secuelas de “Scary movie”, es suficiente credencial para ubicarlo en una lista negra de ineptos de la pantalla. El comienzo es una versión chapuza del recurso de “La mosca”, de forma que el protagonista, un joven huérfano que vive con sus tíos, frustrado y bastante estúpido escolar, Rick Riker, adquiere poderes sobrenaturales como consecuencia de un accidental experimento genético en el que sufre la picadura de una libelula. El caso es que a partir de ese momento ya tenemos al superhéroe de marras, “The Dragonfly”, haciendo de las suyas, volando y tratando de ayudar a la humanidad, eso sí, con notoria torpeza. Hasta que, por supuesto, se cruza en su camino el malvado de turno, un tal Lou Landers, que necesita transfusiones de sangre diarias para seguir con vida, algo que consigue con una sucesión interminable de crímenes, y alcanzar incluso la eternidad. Los supuestos chistes de invaden la proyección provocan vergüenza ajena y ni siquiera la esporádica aparición de estrellas invitadas, entre ellas Pamela Anderson o un doble de Tom Cruise idéntico a él, alivian el tedio o el estupor que de forma alternativa se suceden ante semejante espectáculo. La película tiene una duración, afortunadamente, de 75 minutos, pero tras los créditos finales aparecen secuencias desechadas que la alargan casi hasta los noventa.