Antonio Dopazo
Nacionalidad: Española. Producción: Gabriel Velázquez para Escorado. 2008. Director: Gabriel Velázquez. Guión: Blanca Torres y G. Velázquez. Fotografía: David Azcano. Música: Pablo Crespo. Intérpretes: Emile de Preissac, Paco Luque, Alberto Díaz, Juanma Hernández, Karme Malaga, Miguelón. 88 minutos.
El problema, sin embargo, de Gabriel Velázquez es que es difícil que su cine apasione o involucre al auditorio a tenor de la angustia y de la desazón que desprenden buena parte de los fotogramas. Esta historia sobre el encuentro entre dos personas marcadas por la soledad y la frustración, que ven cómo se abre ante ellos una puerta a la esperanza, tiene virtudes innegables, pero también cosas discutibles. Se presentó en la sección Zabaltegi del Festival de San Sebastián. El director ha recurrido, hasta que acaban convergiendo, a las clásicas crónicas paralelas que nos muestran las circunstancias en que se mueven los dos protagonistas. Ella es Blanca, una muchacha francesa, una joven de apenas 16 años que practica el atletismo, que viene a España buscando al padre que nunca ha conocido. El, Nieves, es un capataz muy cercano a la jubilación que vive en condiciones muy precarias y con delicada salud en la casa que antes ocupó, precisamente, el padre de aquélla. Los dos padecen del mal de nuestros días, una inadaptación evidente a la sociedad y una soledad casi enfermiza. La película sube de tono cuando se produce el encuentro entre ambos. A pesar de que Blanca no parece decidida a acaptar el techo que él le ofrece, Nieves verá como esa intrusión en su hogar cambia radicalmente su existencia. No es su hija, pero ha puesto fin a una soledad crónica que al perder no pretende reencontrar de nuevo. Pero hay graves problemas que se interponen a sus deseos, por un lado las lógicas amistades de su edad que hace una muchacha atractiva como ella y, por otro el hecho de ser ella menor de edad y las complicaciones que dicho tema entraña ante las sospechas de corrupción de menores. Lo mejor de “Amateurs” es que va de menos a más y que la parte final es la que más reclama la participación del auditorio. Eso y una solución que lejos de buscar el tremendismo o el impacto se encauza por la vía de la lógica y de lo inevitable.