CÉSAR HERNÁNDEZ
Barça y Madrid sobre la pista del Palau Sant Jordi. La final diseñada por la ACB, la que garantiza la audiencia y el ambiente más espectacular. Más de 15.000 aficionados, récord del torneo superando el registro de Bilbao de hace dos temporadas con idénticos protagonistas en la cancha. Todo perfecto. Hasta el saludo entre Florentino Pérez y Sandro Rosell era seguido por los aficionados más morbosos como parte del guión. Las miradas se trasladaron al palco instantes antes del inicio del choque, pero nadie encontró a ningún miembro de la Casa Real. Por si acaso, mejor estar apartado de los focos y evitar problemas, algo con lo que sí topó el Barcelona en lo dos primeros cuartos. Sorprendió al cuadro catalán el ritmo del Madrid, la supremacía de Llull con 13 puntos en 10 minutos, la intimidación de Begic y el acierto de Carlos Suárez en una primera parte de neto color blanco. Navarro seguía sin estar cómodo y el Barça esta vez no podía vivir de Lorbek. Sólo Ndong cumplía, pero el conjunto azulgrana no veía la forma de superar la perfecta defensa madridista pese al espectacular apoyo que recibía desde la grada. La reacción del Barça llegó, no podía ser de otra forma, Navarro, Ndong y Lorbek hicieron posible el sueño (51-52), pero la Copa era del Madrid. Parecía escrito. Carroll se encargó de ejecutar al conjunto de Xavi Pascual. Cero puntos al descanso y 22 al final. Junto con Llull fueron los grandes artífices de un triunfo más que justo. El Barça quiso ganar por inercia y acabó vapuleado por un Madrid gigante que dominó desde el salto inicial. Lástima que sólo haya una Copa del Rey al año. Sin duda, el mejor torneo.