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  • 21
    Febrero
    2018

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    Santorini Viaje a Santorini La isla de Santorini

    SANTORINI, LA ISLA MÁS PINTORESCA DEL MEDITERRÁNEO

     

    Santorini es una isla tan singular y llamativa que para muchos es la más pintoresca del Mediterráneo. Sus abruptos y rojizos acantilados volcánicos, recubiertos por el blanco inmaculado de encantadoras casas encaladas, que a lo lejos se confunden con la nieve, y sus famosas y bellas puestas de sol, le confieren una gran belleza. Tanta que la famosa editora de guías Lonely Planet incluye a Santorini entre los 20 lugares de todo el mundo de imprescindible visita.

    SANTORINI, LA ISLA MÁS PINTORESCA DEL MEDITERRÁNEO

    Las puestas de sol de Santorini son muy famosas

    El ferry que me lleva a Santorini, en mi periplo de septiembre de 2015 por las islas griegas, ha partido de Miconos a las 14,30 horas y en dos horas y media llega a Santorini. A lo lejos da la impresión de que Santorini está recubierta de nieve, efecto óptico que es consecuencia del tono oscuro de los elevados acantilados y el contraste con las casas encaladas que se esparcen por todo lo alto, algunas con cúpulas azules que denotan su carácter religioso. El ferry atraviesa la preciosa caldera volcánica conformada por Santorini y otras pequeñas islas que constituyen este pequeño archipiélago griego, enclavado al sur del mar Egeo, en pleno Mediterráneo.

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    Los acantilados volcánicos de Santorini recubiertos de blancas viviendas

    Hay hasta tres formas de llegar a Santorini: en ferry, crucero y avión. La más cómoda, pero también la menos aconsejable para los que no se conformen con una rápida visita a la isla es el crucero, ya que las distintas compañías de cruceros que recalan en Santirini nunca sobrepasan las 7 horas de estancia, lo que da para muy poco, especialmente si se navega en esos mastodontes de 2.000 pasajeros o más, ya que con tanta gente las operaciones de desembarque y embarque son muy engorrosas.

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    Panorámica de los acantilados de Santorini

    El ferry en el que me traslado desde Miconos atraca en Athinios, el único puerto de Santorini accesible para autobuses y situado a menos de 10 kilómetros de Fira, la ciudad más poblada en una isla con apenas 15.000 habitantes. La carretera que llega hasta el muelle es muy estrecha y ha tenido que salvar la verticalidad de los acantilados con un continuo zigzag que en muchos puntos impide el cruce de dos vehículos. Así lo constato en el taxi que me transporta al hotel donde pernoctaré dos noches. Los cruceros no pueden atracar por lo que optan por fondear en la laguna conformada por Santorini y las demás islas del archipiélago. Desde allí, en pequeños barcos fletados por los lugareños los cruceristas van desembarcando en el antiguo puerto.

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    El ferry es el mejor medio de transporte a las islas griegas

    Me alojo en un pequeño hotel, como la mayoría de los existentes, que me cuesta 60 euros la noche, y que se encuentra a un par de kilómetros de Fira pero apenas a 200 metros del borde de los acantilados, por lo que en cuanto dejo el equipaje me dirijo raudo a la costa ya que son las 6 de la tarde y no tardará en comenzar a oscurecer. Por el paseo que bordea los acantilados no tengo que caminar mucho para encontrar un lugar donde poder contemplar la famosa puesta del sol de Santorini. Justo unos metros más abajo del paseo diviso una iglesia coronada con una espadaña de tres campanas que despunta sobre el mar y con el horizonte al fondo, en el que ya luce un sol bermellón. Es un sitio idóneo y allí me quedo. Me llama la atención que apenas somos media docena de personas en tan estratégico punto.

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    Son muchos los puntos para ver la puesta de sol en Santorini

    Por el mismo paseo que discurre por el borde del acantilado me planto, en menos de media hora, en Fira, que la contemplo a lo lejos pletórica de luces cuando ya ha oscurecido. La ciudad está muy animada, con sus calles muy concurridas y repletas de comercios, tiendas de souvenirs, bares y restaurantes. Los precios en las islas griegas son especialmente caros para un país con una economía tan modesta como Grecia, intentando exprimir al máximo a los turistas. Busco un lugar para cenar y finalmente encuentro un restaurante llamado Dionysos con una terraza muy agradable y no especialmente caro. Como mis cenas son frugales, me conformo con un plato de pollo al horno con tomate, arroz y miel, acompañado de una cerveza. En total 12,5 euros.

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    Vista panorámica de Fira, la ciudad más importante 

    A la mañana siguiente, también con un día espléndido, tengo previsto hacer un recorrido entre las dos localidades más destacadas de la isla: Fira y Oia, enlazadas por un paseo de 10 kilómetros trazado por la cima de los acantilados. El camino serpentea por entre bellas casas encaladas de aristas redondeadas con las puertas y ventanas pintadas de llamativos colores, fundamentalmente en tonos azul celeste. Algunas de ellas parecen retar a la ley de la gravedad y se asoman e incluso esparcen por la parte alta del acantilado. Muchos de sus propietarios han aprovechado esta privilegiada ubicación para habilitarlas como pequeños hoteles, todos ellos, prácticamente, con precios que superan los cien euros por habitación y noche.

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    Lugar que ofrece la celebración de bodas de cualquier rito


    El recorrido del paseo comienza en Fira y continúa, siempre bordeando el acantilado, por Firostefany e Imerovigli, dos pequeñas localidades engullidas por Fira. Ambas conforman un todo armónico de casas blancas asomadas al abismo, atravesadas por el agradable paseo y salpicadas de barecitos con terrazas en los que puedes reponerte y tomarte un trago, sobre todo si visitas Santorini en pleno verano. Eso sí, por precaución mira la carta antes de pedir no sea que te peguen la clavada. La zona urbana del paseo se prolonga unos 4 kilómetros y a continuación sigue un largo tramo, de una longitud similar, sin construcciones y un tanto monótona. Se puede abreviar tomando el autobús en dirección a Oia que pasa por la carretera paralela al paseo.

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    La localidad de Oia en una imagen desde el paseo peatonal

    La localidad de Oia es encantadora y uno de los motivos principales de una visita a Santorini. Se ha construido de forma escalonada en plena ladera del acantilado, con una pronunciada pendiente, lo que me obliga a hacer algún descanso de vez en cuando, aunque merece la pena. Sus calles son escalinatas salpicadas de pequeñas viviendas tradicionales, de una o dos alturas, algunas con la cubierta abovedada y en su mayoría enlucidas de blanco aunque también las hay de otros colores. Existen algunas terrazas estratégicas desde donde la vista del conjunto del pueblo es magnífica.

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    Panorámica de la encantadora localidad de Oia


    Una de las señas de identidad de Santorini es el de sus blancas iglesias ortodoxas con cúpulas pintadas de azul. La localidad de Oia es un lugar ideal para contemplarlas ya que hay varias, algunas tan pequeñas que son sencillas capillas. Me detengo especialmente en un punto con dos iglesias contiguas tan fotogénicas que las he visto reproducidas en múltiples imágenes.

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    Iglesias con cúpulas azuladas junto al mar en Oia

    Prosigo mi visita por las tranquilas aunque empinadas calles de Oia, transitadas este día por pocos turistas cuando, de pronto, comienzo a escuchar un fuerte ruido de fondo que cada vez se intensifica más hasta que resulta atronador. De pronto me veo prácticamente engullido por una avalancha de turistas que proceden de uno de los gigantescos cruceros que está visitando la isla. Son tantos que casi me veo arrastrado por ellos dada la estrechez de la calle. Van todos como si fueran en formación y a paso rápido siguiendo al guía. Cuando por fin se alejan doy un suspiro de alivio y celebro poder ver la isla con tranquilidad y a mi gusto.

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    Los pasajeros de un gigantesco crucero abarrotan las calles

    Decido quedarme a comer en Oia y escojo una taberna vegetariana donde pido verduras a la plancha y una cerveza, por 10 euros. A continuación recorro la parte moderna de Oia, de escaso interés, y con el autobús me traslado hasta Fira. Me dirijo en concreto hasta el arranque del camino que conduce al antiguo puerto. Cuando me aproximo me llama la atención una inmensa cola de turistas que se prolonga, sin exagerar, casi un kilómetro. Me pica la curiosidad y pregunto qué esperan, y me dicen que la cola es para poder subir al teleférico que les baja hasta el puerto.

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    Cabinas del teleférico en el puerto de Fira 


    Pues sí, resulta que desde el puerto hasta la ciudad de Fira hay una altura de 300 metros en una empinada cuesta con casi 600 escalones. Los cruceristas parece que se han puesto todos de acuerdo y han optado por bajar en teleférico, pese a que hacerlo andando no es nada fatigoso ya que es cuesta abajo. Más lógico es coger el teleférico cuando subes a la ciudad. Además, hay otro medio para hacer el recorrido, tanto cuesta arriba como cuesta abajo, y es en el procedimiento ancestral de los lugareños: la mula. Tanto en el mismo puerto como en lo alto de la ciudad hay numerosas mulas con sus muleros prestos a facilitar el recorrido a lomos del animal. En teleférico y en mula cuesta lo mismo, cinco euros.

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    Algunos cruceristas optan por bajar hasta el puerto en mula

    Las mulas llevan cientos de años haciendo este recorrido aunque tras la instalación de los teleféricos se han mantenido como mera atracción turística y como una forma de ingresos para un sector de la población. Esta es la razón por la que esta actividad se mantiene a pesar de las quejas de grupos animalistas. Tras contemplar este espectáculo de las mulas decido completar la visita de Fira, con un centro urbano que aunque cuenta con edificios modernos han sabido respetar, básicamente, la armonía del conjunto.

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    Otra imagen de la pintoresca ciudad de Oia

    Durante mi recorrido por Fira me tropiezo con una procesión en la que se pasea un icono de un santo desde una iglesia a otra, todo ello arropado con una banda de música y con numerosos fieles portando estandartes y símbolos religiosos. Es una muestra más de la religiosidad que impera entre la población griega, especialmente en localidades pequeñas.

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    Procesión en Fira encabezada por una banda de música

    En Santorini, como en otras islas, también puedes encontrar a músicos callejeros muy jóvenes, incluso niños, con un acordeón, cantando canciones populares griegas entre las que no falta la de "los niños del Pireo", todo para ganarse unas propinas. Con un poco de suerte hasta puedes tropezar a la vuelta de una esquina con un pedigüeño que tañe un tradicional bazuki interpretando "Zorba el griego". 

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    Un músico callejero muy joven intenta ganarse unas propinas 

    El último día de mi estancia en Santorini la dedico a hacer un rápido tour motorizado por la isla, con apenas 20 kilómetros de longitud y menos de 5 de anchura, para visitar otras localidades y la zona costera opuesta a los acantilados, donde se localizan algunas playas.

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    Una iglesia típica en medio de la escasa tierra cultivada en Santorini 

    Aunque he leído en algunas guías que Santorini cuenta con bellísimas playas, siento discrepar porque todas ellas son de arenas oscuras, incluso negras, como consecuencia de su origen volcánico. Es verdad que puedes tomar el sol y pegarte un baño, y hasta hacer buceo en varias calas, pero quedan muy lejos de las playas paradisíacas de otras latitudes. En total hay siete puntos de la costa que se han habilitado como playas.

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    Las fotos surgen por cualquier rincón inesperado  

    Es mediodía de mi tercer día en Santorini y regreso al hotel para coger el equipaje y dirigirme al embarcadero del ferry para poner rumbo a mi siguiente escala por las islas griegas, Creta. He seleccionado el ferry en la mayoría de los casos para desplazarme por las islas griegas porque me permite conectar con casi todas las islas destacadas, por su comodidad y por su rapidez de desplazamiento. Sin embargo no es nada barato ya que cualquier recorrido que ronde o supere las dos horas te va a costar alrededor de 60 euros.

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    Los popes griegos suelen ostentar una llamativa barba

    Santorini tiene también aeropuerto con capacidad para aviones de pequeño y mediano tamaño que conectan fundamentalmente con Atenas, la capital griega y con Creta. Los precios de los vuelos son bastante asequibles e incluso llegan a ser más baratos que el ferry ya que reservando con tiempo puedes conseguir un vuelo de Atenas a Santirini por 20 euros. No obstante, uno de los mayores alicientes de Santorini es poder divisarla desde la lejanía y contemplar el incomparable marco de sus acantilados desde la laguna en forma de caldera.

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    Imagen desde la laguna en la que se aprecia el zigzag del camino que asciende del puerto a Fira 

    En cuanto al vuelo internacional, Atenas no es un destino barato desde Alicante, ya que no hay vuelos directos y difícilmente se puede obtener un pasaje de ida y vuelta por menos de 350 euros con una escala, salvo que estés dispuesto a perder muchas horas en aeropuertos con los vuelos de conexión.

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    La catedral ortodoxa domina la ciudad de Fira 

    Para los que prefieran la comodidad de los viajes en crucero, yo solo lo recomiendo para quienes viajan con niños, ya que apenas van a tener tiempo para disfrutar de una isla tan pintoresca. Los cruceros más frecuentes por las islas griegas parten de Venecia y efectúan un periplo de alrededor de una semana por algunas islas, aunque hay que tener en cuenta que no son muchos los que incluyen en un mismo tour a Santorini y a Miconos, la otra gran joya de las islas griegas.

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    Cruceros fondeando en la laguna de Santorini
    El precio de un crucero desde Venecia ronda los mil euros aunque se pueden obtener precios mejores en temporada baja. Eso sí, tienes que añadir el coste del vuelo hasta el puerto de salida y pagar todas las excursiones que hagas, ya que no están incluidas. Además, y lo que es más importante, apenas podrás estar unas siete horas en Santorini de las que dos se pierden en los traslados del barco a la ciudad si se trata, como es habitual, de un crucero gigantesco, ya que el barco fondea en la laguna y el desembarco se hace mediante pequeñas embarcaciones. Una vez en tierra se repiten las aglomeraciones porque la mayoría opta por el teleférico, que tiene escasa capacidad. Y ya en la ciudad quedan las inevitables esperas para organizar y completar los autobuses para efectuar las visitas, obviamente en grupos muy numerosos.

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    Una imagen típica de Oia

    Finalmente otro aspecto importante es el de los hoteles, que en Santirini, como en otras turísticas islas griegas, son caros ya que en un establecimiento aceptable de tres estrellas las tarifas nunca suelen ser inferiores a 60 euros salvo alguna oportunidad especial, y si buscas un hotel ubicado sobre los acantilados el precio ya se dispara a más de cien euros.
    En definitiva, que si tu objetivo es conocer Santorini y otras destacadas islas griegas lo mejor es pernoctar en la isla y recurrir al avión o al ferry. Lo del crucero será más cómodo pero me recuerda aquella película de un tour que prometía la imposible misión de conocer toda Europa en apenas unos días y que se llamaba "Si hoy es martes esto es Bélgica".

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    La despedida a una isla tan atractiva suele resultar triste

     

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