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josema santiago

Soy José María Santiago, vivo a caballo entre México DF y Alicante, y tendo dos grandes pasiones: el deporte y conocer diferentes partes de este maravilloso planeta.

Sobre este blog de Deportes

En este blog iré contando mis experiencias en las diferentes carreras en las que participo en distintos puntos del mundo


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  • 25
    Abril
    2016

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    Alicante Deportes

    BOSTON, cuando el premio empieza estando en la línea de salida.

    A cualquier persona que le preguntes cuál es el maratón más importante del mundo, con toda seguridad referenciará dos: Nueva York y Boston. La elección de uno u otro dependerá que introducido esté en este mundo. ¿Por qué digo esto? Sin duda Nueva York por el glamour de correr por sus calles, el número  de participantes, y que implica cumplir el sueño de muchos de nosotros: visitar esa asombrosa ciudad. Pero si el gusanillo de este deporte lo llevas muy dentro de ti sabes que Boston es, por historia, la mejor. Son ya 120 ediciones. Su relevancia y la complejidad de obtener un dorsal la convierte, sin duda en la número 1.

    BOSTON, cuando el premio empieza estando en la línea de salida.

    En Boston se colocan en la línea de salida 30.000 corredores. A diferencia de otras grandes carreras de gran demanda, como Nueva York, Berlín o Londres, donde se celebra un sorteo entre todos los interesados, aquí, 25.000 de esas plazas se asignan a corredores que cumplan una determinada marca en función de su rango de edad. Pero ni cumplir con esa marca actualmente te asegura poder tener dorsal. Este año como ejemplo, en mi rango de edad se pedía 3:15, sin embargo, fueron tantas las solicitudes, que al ordenarlas de más rápido a más lento, la gente con tiempos superiores a 3:12 ya no fueron inscritos pues se agotaron todas las plazas disponibles

     

    Por este hecho le he puesto el título de esta entrada:, el primer premio que recibes es poder estar en la línea de salida, un privilegio único.

     

    Por temas de trabajo no pude llegar a la ciudad hasta el sábado previo a la carrera, que curiosamente no se celebra domingo sino en lunes. Cada año, el tercer lunes de abril se celebra el maratón con motivo de la celebración del Patriot´s day. Se conmemora los caídos en la primera batalla por la independencia de los Estados Unidados.

    Con este dato imaginad el impacto que tuvo para los americanos y residentes en Boston el trágico incidente del 2013.

     

    Desde el mismo aeropuerto, en el control de aduanas, empiezas a sentir como todo el mundo se convierte en cómplice de tu reto, te hacen partícipe de su reconocimiento, admiración y apoyo. Con cada persona que mantienes una mínima conversación el tema es el mismo, la maratón, nadie habla de otra cosa. Al caminar observas que las calles están engalanadas con banderolas para el evento, que los comercios hacen referencia en sus escaparates a la carrera y la ciudad está invadida por personas con zapatillas de indescriptibles colores, llenos de bolsas de tiendas deportivas, exultantes de felicidad.

     

    El domingo fue el día de recoger el dorsal y conocer algo la ciudad. Pude quedar con mi amigo, el sevillano Julio Molina Castellano, alguien a quien admiro y respeto, del que sólo puedes recibir junto con su excelente sentido del humor y actitud, infinidad de anécdotas y experiencias que te permiten afrontar las carreras de forma más sólida. Julio lleva en sus piernas 78 maratones, ha participado en todas las ediciones de la maratón de Sevilla (lo que le impide, por coincidir en fechas, el cerrar participación en las world major marathon que le falta, Tokio).  Por último, lo que le hace más admirable es su colaboración con la ONG runnersforethiopia, la cual permite ayudar que los niños de ese país tengan una posible salida de su situación de pobreza gracias al deporte. (os dejo su video https://vimeo.com/163697686 )

     BOSTON, cuando el premio empieza estando en la línea de salida.

    Del paseo y visita, de las cosas que más me sorprendió fue el trato de todas las personas locales, a pesar de tener una sobre carga de trabajo, con colas indescriptibles de clientes, con algunos de los cuales tenían mayor o menor dificultad para hacerse entender por el idioma, siempre mantenían esa sonrisa y te transmitían su admiración. Puedo decir que debes mantener la sensatez para no creerte la nube en la que te sumergen con tanto halago.

     

    Pero junto a este ambiente de alegría, compañerismo y júbilo hay situaciones que distorsionan esas sensaciones. La ciudad está tomada por policías y ejercito. En el entorno de la Old Church (donde hace cola la gente para poder realizar su personal homenaje a los fallecidos y heridos en el atentado), junto a la línea de llegada donde se produjo el atentado hay carteles, dibujos, flores, de organizaciones como la Resiliency Massachusetts Center o anónimos que muestran su recuerdo y respeto.

    BOSTON, cuando el premio empieza estando en la línea de salida.

    Llego el día de la carrera, la organización tan milimétrica te exige que en los preparativos seas tan exacto como en tu plan de carrera. A las 4:30 sonó el despertador para coger a las 5:30 el autobús del hotel al punto de partida de los autobuses de la organización que nos llevarían a la línea de salida situada en la localidad de Hopkinton. A las 6:00 horas arrancaban los autobuses para la primera ola de participantes, los más rápidos. Ya en ese momento te encontrabas con un hecho curioso. Toda la ropa que lleváramos encima para protegernos del frio hasta el inicio de la carrera se dona a ONG´s por lo que las 8.000 personas que estábamos en ese primer turno lucíamos de la forma más singular. Todos los corredores íbamos ataviados con ropas viejas, antiguas o desgastadas, pijamas descoloridos, sudaderas ya pasadas o con grandes agujeros, la verdad resultaba muy curioso el contraste con la explosión de colores de las zapatillas.  Mientras nos formábamos en filas para subir a los diferentes autobuses las caras de concentración y sueño eran el denominador común.

     

    Cuando llegamos a Hopkinton sobre las 7:15 teníamos por delante 2 horas y 45 minutos hasta que a las 10 nos dieran el pistoletazo de salida. Para pasar el tiempo nos ubicaron en una gran pradera con carpas llenas de café, bebidas, frutas, infinitos cuartos de baños portátiles, con filas marcialmente ordenadas y un speaker que con la música nos acrecentaba nuestra emoción y ansiedad.

     

    Tras la tensa espera  llego la hora, las 10:00 y después de escuchar el himno nacional de Estados Unidos con un respeto y emoción contagioso (como me ocurre en Mexico que lo ponen igualmente antes de cada carrera, me da una envidia extrema que no tengamos ese sentimiento en España) nos daban el pistoletazo de salida.

     

    La carrera fue la más emocional de las que he corrido nunca. Toda la gente se vuelca de forma extraordinaria y podría decir que en ningún punto del recorrido no hay alguien animando, regalándote agua, frutas, etc. Según la organización más de medio millón de personas invaden  las calles y carreteras. Los chillidos y aplausos son ensordecedores y en, no podría enumerar la cantidad de puntos, la piel se pone de gallina. Destacaré dos de esos puntos, el “Scream Tunnel” (en la milla 13 por el colegio femenino de Wellesley) y en la “Hearthbreak Hill” (entre la milla 20 y 21).

     BOSTON, cuando el premio empieza estando en la línea de salida.

    El primero dice la tradición que las estudiantes de primer curso cuantos más besos consigan de corredores, mejor suerte tendrán en sus exámenes. Iba concentrado en la carrera cuando empiezo a escuchar un ensordecedor rugido y ruido. En ese momento no se veía todavía nada pero me hizo salir de mi concentración, no sabía que ocurría y que era eso. Al cabo de unos 300 metros empecé a ver esa innumerable cantidad de chicas por más de 400 metros agolpadas en las vallas chillando por conseguir que los corredores se acercaran a besarlas y, de esta forma, la tradición, les ayudara en su exámenes.

     

    Verdaderamente impresionante ese túnel del grito. El segundo de ellos genera un gran respeto. Después de un perfil lleno de toboganes todos los corredores estamos inquietos, nos espera uno de los momentos más complicados de la carrera y encima en un kilómetro tan conflictivo, física y mentalmente, como el 32,  la subida más dura de todo el recorrido,  la tan temida Heartbreak Hill. Es una cuesta muy pronunciada de unos 700 metros donde ya las piernas no te dan para más. Por suerte el público lo sabe y en un lugar sin una población relevante se junta una cantidad innumerable de gente para ayudarnos a pasar ese trance. Bolsas con agua, dulces, isotónicas, frutas, sus gritos, hace que el sufrimiento se haga más liviano, no te permiten que dejes de correr.

     

    Después de esto ya sólo queda ir acercándote a la meta con más corazón que físico. Sabes que lo peor ya ha pasado y queda el último esfuerzo físico y mental para cruzar la ansiada meta,  con el fin de obtener esa preciosa y deseada medalla.

     

    He de reconocer que no fue una gran carrera a nivel deportivo para mí pero consiguió emocionarme de forma que nunca me había ocurrido. En  los últimos 400 metros y tras ir callejeando ya por el centro de Boston, llegas a la mítica Bolyston Street, calle donde se encuentra la ansiada meta. Podéis imaginar esos 2 minutos, 2 minutos y medio que tardas en recorrer esa ancha vía, la infinidad de sensaciones y pensamientos que afloran. Todo el mundo corra o no, reconoce esa calle y no puedes evitar revivir imágenes que te estremecieron por televisión.

     

    Al final cruzas la meta, sueño cumplido, te entran ganas de llorar, de reir; te quedas aturdido, piensas en los madrugones para poder entrenar, piensas en quemar las zapatillas, vender el reloj y no correr nunca más. Es como si las piernas supieran que has acabado, no te aceptan ni un paso más, los voluntarios te reciben con su mejor sonrisa, con la misma fuerza y sinceridad que la que regalaron al primer clasificado y a los miles que entraron antes que tú.

    BOSTON, cuando el premio empieza estando en la línea de salida.

     

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