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Blog Pégame un viaje - Pablo González Torres

Pablo González Torres

Soy periodista y me llaman Pablo. Un pequeño escáner: viajar, escribir y no estar quieto

Sobre este blog de Sociedad

Si te gusta viajar, conocer historias y vivir aventuras, ¡éste es tu sitio!


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  • 11
    Octubre
    2016

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    SOCIEDAD
    Alicante
    Gijón
    Camping Gijón

    Qué banal suena un banco con wifi

    Por la mañana abrí la cremallera de la tienda de campaña y creí estar en una de esas casas que parecen haberse olvidado de la ley de costas en el Cabo de las Huertas. Era una orilla de una playa cercana a San Lorenzo, en Gijón. Y aunque con techo sintético, aquello resultaba un lujo más grande que poseer una casa en Isla Palmera. O bueno, quizás hubiera sido del todo así si el motivo de abrir la cremallera no hubiera tenido nada que ver con la flatulencia de un buen amigo.

    Oviedo de noche se había quedado bonita, pero mientras el objetivo trataba de enfocar ya habíamos abierto los ojos por donde baila el Sporting. Casi sin resurrección, un chico nos remolcaba con su moto hasta la playa donde mejor estaban entrando las olas.

    Uno busca wifi para actualizar el blog y se cruza con una alemana y su móvil. Ella está allí, sentada en un banco. Aparentemente nada estratosférico tiene que pasar, yo inicio un pequeño coloquio mientras arranca mi ordenador neandertal. Cómo te llamas, a qué te dedicas, qué hace una chica como tú en un sitio como… Nada, este sitio estaba hecho para ella, una hippie de pelo rubio con mente muy abierta y sonrisa de las que achinan los ojos.

    Nos caímos guay. Ella viajaba sola y sin rumbo concreto, con el dedo gordo como único medio de transporte. Le invitamos a una delicatessen de la altura de macarrones con tomate y congenió de lujo con el resto del equipo. Acabó viniéndose a coger olas con nosotros, a tocar la guitarra a las tiendas y a hacer una barbacoa en una playa de noche desierta.

    El viaje acababa y, en última instancia, la chica preguntó si el asiento vacío de la furgoneta tenía asignado algún pasajero de vuelta a Alicante, chocándose con la buena suerte de una madre aún más hippie que ella, la de mi amigo Padilla, que decidió que alojarla unas semanas sería un bien común: una parte conocería una ciudad y la otra aprendería inglés.

    Y así es como alguien que emprendió un viaje en solitario hace unos meses y que ahora venía desde Ávila con el dedo levantado se había parado para conectarse a Internet en Gijón y acababa recorriendo con nosotros novecientos kilómetros de vuelta a casa. Qué banal suena un banco con wifi.

     

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