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Los días laborables
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Sobre este blog de Sociedad

Un breve y desafinado canto a la vida.


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  • 07
    Noviembre
    2016

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    Ni siquiera el gordo ese

    El miércoles estuve practicando un poco de fútbol control que en mi caso significa llevar el tiempo para ir cambiando de portero mientras le choco los cinco al que mete los goles. Conduciendo de vuelta a casa me cayó la nostalgia encima y me puse a pensar en lo duro que era saber que me quedaban menos partidos de los que ya había jugado.

    Y cuando volví atrás, cuando tiré de mí para recordarme, no recuperé más que aquella frase que me soltó mi padre cuando jugaba al fútbol como si aquello se tratase de tenis. 

    — Ni siquiera el gordo ese, dijo un día señalando la imagen de Ronaldo en el televisor.

    — ¿Qué?

    — Ni siquiera él puede. Una sola persona no puede ganar un partido. Lo máximo que puede hacer es cambiarlo. Y ya es bastante.

    Por aquél entonces le había declarado la independencia al que era mi equipo y perdíamos, entre otras cosas, porque no había cojones a que se la pasase a mis compañeros. Después de una racha fatal el míster estaba un poco conmigo como Jémez con Lass o el Camp Nou con Figo. El asunto lo resolvieron mis compañeros que dejaron de darme la pelota para darme de hostias. 

    Al llegar a casa mi padre me preguntó qué tal había ido el partido. Siempre lo hace. Como la madre que pregunta a donde vas y con quién. Y siempre mientras me mira la zurda y veo en sus ojos como echa de menos ese futbolista que nunca fui.

     

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