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Soy Pedro Luis Sánchez Gil y actualmente dirijo el Servicio Común de los Juzgados de Alicante (registro y reparto de asuntos y actos de comunicación y ejecución en la calle). Soy licenciado en Derecho y Letrado de la Administración de Justicia. Escribo artículos de opinión fundamentalmente en el dia...

Sobre este blog de Sociedad

Análisis político y de actualida social.


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  • 01
    Abril
    2018

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    SOCIEDAD Alicante

    EL PRINCIPAL PROBLEMA DE ESPAÑA

     

    Somos incontables los que hemos vertido nuestro parecer en los últimos meses y años sobre la deriva del independentismo catalán. Algunos hemos hecho especial hincapié en ello porque desde los inicios de la democracia  nuestros mayores nos advirtieron de que ahí se hallaba uno de los mayores peligros para la estabilidad de España.

    El principal problema a que se enfrenta ahora mismo España es el aludido de Cataluña. En él  están implicadas de manera sustancial todas las instituciones del Estado. Sin perjuicio de que a la inmensa mayoría de los ciudadanos nos hubiera gustado que hubiera sido innecesario el ingreso en prisión de determinados políticos independentistas, debemos de posicionarnos sin ambages del  lado de la legalidad vigente y respetar las decisiones que se adopten en la esfera judicial.

    Cuando en los inicios de la democracia el paro creció de una manera alarmante, me dije, un poco más y tenemos una revolución social.Pero no, aquella situación, con ser grave, no daría al traste con España. Ya entonces, aunque larvado, se vislumbraba  cual habría de ser el principal problema de España, el independentismo de los ambiciosos políticos nacionalistas catalanes.

    Después llegó una época de prosperidad económica, al frente de la cual se hallaba la omnipresente actividad de la construcción inmobiliaria. Se edificaba por todas partes y todo se vendía, los precios subían y  nos desgañitábamos por hacernos con una pequeña propiedad antes de que costara el doble.

    Era la época de las vacas gordas, el dinero fluía, muchos se forraban, otros muchos se endeudaban hasta las cejas, algunos guardaban por si llegaba la época de las vacas flacas pero los más derrochaban como nuevos ricos. A disfrutar que para eso está el dinero, falatría más. Legítimo lo uno, legítimo lo otro, con independencia de otras consideraciones de mayor calado que pudieran hacerse desde otro prisma.

    Unos cuantos de los que en esa época de vacas gordas-también antes y después- se llenaron los bolsillos fueron algunos de nuestros políticos, sobre todo al socaire de la promoción inmobiliaria y de otros grandes negocios. Hay que decir que la corrupción urbanística no era nada nuevo. Pero  con la gravedad que la corrupción conlleva, sobre todo de cara a una sociedad que ve que el sinverguenza campa por sus respetos y aquí no pasa nada, tampoco había de constituir el principal problema de España.

    Los ambiciosos políticos catalanes, a quienes los partidos de ámbito nacional les bailaban el agua, les aleteaban como primorosos pretendientes, seguían construyendo su futuro sin que a nadie pareciera importarle. Impusieron la inmersión linguística y lo fueron contaminando todo con su ideología nacionalista con el objetivo cada vez peor disimulado de sentar la convicción de que quien no estaba en el mismo camino que ellos no era buen catalán. Y se fue creando una falaz división entre buenos y malos catalanes, entre fieles a su tierra y traidores a la misma.

    Desde hace un par de años los independentistas se convencen de que ha llegado su momento. Un Gobierno en minoría del Partido Popular, con poca representación en Cataluña y vilipendiado por el resto de fuerzas políticas, encabezadas por el PSOE de Pedro Sánchez, se consideraba un enemigo que podía ser vencido.

    Pero se encontró con un Estado lo suficientemente fuerte para hacerles frente y con una unión del PP, del PSOE y de CIUDADANOS en lo fundamental, la unidad de España. Y en esas estamos ahora como he señalado al inicio, con varios políticos catalanes en prisión y la sociedad catalana dividida en dos.

    Lo anterior constituye a mi juicio hoy por hoy el principal problema de España, un problema que no es el único, pues las altas cifras de paro siguen siendo muy preocupantes y la crisis económica todavía no se acaba de solventar a pesar de que con sus luces y sus sombras estemos mejorando.

    Por otra parte, aunque la corrupción ya no es lo que fue, es ahora cuando se están juzgando muchos casos y eso la hace omnipresente. La ciudadanía está expectante.

     

    Y junto a lo anterior, existen otros dos problemas muy preocupantes por separado y todavía  más cuando coexisten en alto grado. Debemos ser muy conscientes de los mismos. No son otros que  el de la marginalidad social en la que se encuentran numerosas personas y el de la seguridad ciudadana. Para el primero de ellos son fundamentales unos servicios sociales que cuenten con los medios suficientes para hacer frente a la variada casuística a la que se tienen que enfrentar diariamente. Tarea ardua y compleja como pocas. Y respecto del segundo siempre me he pronunciado en el sentido de la capital importancia que tienen para la salvaguarda de nuestros derechos y libertades  unas leyes apropiadas, una justicia independiente y unas fuerzas de seguridad motivadas, preparadas y magníficamente dotadas.  

    Porque no hay libertad sin orden, porque no hay Estado de Derecho si carecemos de las instituciones judiciales y de seguridad que lo garanticen y lo protejan. En España gozamos todavía de una seguridad jurídica muy aceptable. No vamos a tirarla por la borda.Todo lo contrario, debemos hacer lo posible por mejorarla, porque en ello nos jugamos nuestro futuro en libertad.

     Paralelamente a lo anterior, desde la escuela, desde la familia, desde los organismos públicos, desde los medios de comunicación y desde nosotros mismos, lo que no podemos dejar de repetir y poner en ello nuestro máximo empeño, es en la necesidad de UNA EDUCACIÓN EN VALORES. Porque los valores  se están olvidando, y cuando los valores se olvidan corremos el riesgo de caer en una laxitud moral de la que después no habrá quien nos saque, y en cualquier caso no sin antes pagar un alto precio.

    ¿Valores? Empecemos por los valores del  respeto a la vida, a la libertad y  a la igualdad. Es decir, valores inherentes a la dignidad de la persona. Pero sigamos. El valor de la lealtad, de la solidaridad, de la generosidad, de la bondad, el valor de la palabra dada, el valor de dar a cada uno lo que le corresponde, el valor a la verdad….y muchos más que cada uno  podríamos añadir.

    Muchos de los anteriores valores, por no decir todos, están recogidos en las normas democráticas de las que nos hemos provisto. Nadie puede conculcarlas. Y si lo hace debe pagar por ello, a veces con una pena, incluso de privación de la libertad.

    Se dice acertadamente que la pena debe de tener una finalidad de reinserción. Pero también preventiva y de castigo. Quien comete un hecho punible debe ser castigado. No nos equivoquemos, por desgracia, ese es el principal motivo por el que algunos no delinquen. Ni la moralidad ni el respeto a la ley cuenta para ellos.

       Hay quienes tienen la conciencia enterrada en el fango. Crímenes y criminales que todos tenemos en nuestra mente. Frente a ellos  la sociedad debe  protegerse, y no hay otra forma de hacerlo que teniendo a esos criminales en prisión mientras puedan constituir un peligro grave.  A esta necesidad la podemos llamar prisión perpetua revisable o le podemos poner  otro nombre, pero creo que hay una inmensa  mayoría de ciudadanos y ciudadanas que comprendemos la conveniencia de una medida de ese tipo.

    No pensaba acabar así, pero cuando hablamos del respeto a la vida es inevitable que nos vengan a la cabeza esos desgraciados, esos monstruos a quienes nos acabamos de referir.

     

    Pedro Luis Sánchez Gil

    Letrado de la Administración de Justicia.

     

     

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