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La captura de Cerbero
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Blog La captura de Cerbero - Juan Carlos Delrieu

Juan Carlos Delrieu

Alicantino, economista, con capacidad más analítica que intuitiva, una educada visión estratégica del mundo que nos rodea, aficionado al fútbol y, pese a todo, irracionalmente apasionado del Hércules!

Sobre este blog de Deportes

La más difícil tarea de Hércules era capturar a Cerbero en las puertas del Infierno. Se tuvo que sumergir en el inframundo, cruzándose con almas oscuras y mentes inaccesibles. No pudieron con él.


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  • 11
    Febrero
    2018

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    Alicante Deportes

    Esto no da para más

    En el ámbito deportivo, no hay nada más triste que ver perder o empatar a tu equipo, desperdiciando, una vez tras otra, ocasiones para acercares al objetivo deseado, lo que propicia una fuerte frustración.

    Esta sensación de frustración y tristeza, se agrava cuando, semana tras semana, lo único que aparece en la prensa deportiva es escuchar las declaraciones de los jugadores, todos asintiendo, entre otras afirmaciones, “que hay cambiar este ciclo y que todavía queda mucho tiempo para corregir”, “que el Rico Pérez es un campo muy exigente con los jugadores”, “que la mala suerte se ha cebado con el equipo”, “que ahora es el momento en el que los jugadores deben aparecer”, etc. Al mismo tiempo, es igual de triste escuchar cada viernes y cada lunes al entrenador afirmando que se mantiene satisfecho con el trabajo que realiza y que la culpa la tienen los jugadores ... y la mala suerte (como si sacar a Juan Fran y a Juli en el minuto 70, no fuera responsabilidad absoluta del técnico). Y, a la vez, leer a los periodistas dedicados al seguimiento del Hércules, empeñados en infundir ánimos a golpe de titular: “el Hércules busca la paz en el Rico Pérez”, como si ganarle al Ebro, un equipo tan mediocre como el Hércules, aunque solo sea porque ambos están enroscados en mitad de tabla, fuese la heroicidad de la temporada. Todo esto, también es muy triste y frustrante.

    Declaraciones inocuas, con un buen propósito que, como un boomerang, se vuelven contra jugadores, entrenadores y periodistas, casi de inmediato, al acabar el partido de cada domingo. Y el lunes, otra vez a empezar: jugadores aferrándose a la superación y a la esperanza de que los números todavía generan claras oportunidades de ascenso. Como si las sensaciones no fuesen más importantes que los números. El director técnico alabando al equipo y maldiciendo a la mala suerte porque el único tiro disparado a puerta no entró (bueno, ... contra el Ebro fueron tres o cuatro ... ¡un derroche de oportunidades!), mientras que de las dos o tres ocasiones que tuvo el contrincante entró una por el enésimo fallo de algunas de las estrellas fichadas por Portillo (aunque contra el Ebro, esos fallos, que también se han producido, no hayan significado afortunadamente ningún gol).

    Por suerte, ya no hará falta que el inicio de esta semana se endulce con alguna declaración de Portillo, con ese estilo tan suyo y tan original, que exhorta a los jugadores a dejarse la piel en el campo, que den lo mejor de ellos mismos. Y no hará falta porque ha fulminado, merecidamente, a Claudio, por lo que su discurso debiera ser otro. Ya veremos.

    Ahora bien, hubiera sido más épica la aparición de Ramírez que la silenciosa decisión de Portillo. Si este equipo se parece tanto al del año pasado, hubiera sido mucho más folclórico que Ramírez hubiera reunido a toda la plantilla, a los medios de comunicación y al resto del club para advertir que el club se estaba acercando a una hecatombe y que no había más remedio que atajar la situación. Eso hubiera sido más divertido que el sigiloso despido de Claudio anunciado por Portillo. Triste, pero, curioso. Curioso porque sería kafkiano volver a cerrar el círculo de un año tan parecido a la nefasta temporada del pasado año. Y Triste, porque en febrero, ya sabemos cómo va a acabar esta temporada.

    Pero no, Ramírez, asesorado por algunos de sus abogados y el propio Ortiz, ya no hace declaraciones. Lástima, el pasado año, en unas circunstancias deportivas tan deplorables como este año, era el único que le ponía algo de chispa y de trueno al equipo. Aunque eso sí, era un trueno de corto alcance. Tantas ganas de adquirir las acciones del Hércules, para que, al final, ni fiche, ni haga declaraciones ni tome decisiones ni acertadas ni en los tiempos correctos. ¡Que tristeza de propiedad!

    Pero bueno, era fácil anticipar que con el lamentable estilo de juego y los pésimos resultados, más pronto que tarde, se iba a producir un cambio. Un cambio estéril y que solo servirá para aplicar un correctivo inservible, eso si, a un coste económico muy reducido que, al parecer es la consigna de estos nuevos dueños del Hércules. Y será estéril porque no solo es un problema de entrenador, es también un problema de equipo y de organización. Además, aunque deseo con todas mis fuerzas que a Carlos Luque le vaya muy bien, dudo que este año haya aprendido como director técnico más de lo que mostró el pasado año.

    Lástima. Ni el juego, ni los resultados, ni las declaraciones de los jugadores o de Claudio o de Portillo (o las de Luque), ni las crónicas ni titulares de los periodistas que siguen al Hércules, dan para más. Tampoco los cambios, que suelen ser un revulsivo en cualquier equipo, parecen los adecuados: no veo a la afición sacándose el abono de media temporada tras la decisión de Portillo.

    Es un ciclo tan agotado, tan exhausto, que ya no se escuchan ni las estruendosas declaraciones de alguno de los propietarios, ni tienen ningún interés las monótonas declaraciones de los jugadores, ni las vacuas noticias con las que los medios tratan de mantener el interés de la afición. Este año el Hércules no da para más. Y lo malo es que el tiempo corre y las deudas del Hércules provocan que, si no se asciende de división, el equipo tenga fecha de caducidad.

    Pese a todo, ... macho Hércules y suerte a Luque!

     

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