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¿Hay vida en Marte?
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Blog ¿Hay vida en Marte? - Jorge Fauró

Jorge Fauró

Jorge Fauró nació en Madrid en 1966. Es periodista. Subdirector de INFORMACIÓN

Sobre este blog de Cultura

Acordes y desacuerdos y otros cantos de sirena


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  • 17
    Enero
    2016

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    David Bowie Blackstar Rock

    David Bowie, por qué nos has abandonado

     

    David Bowie, por qué nos has abandonado

    La última sesión de fotos de David Bowie con motivo del lanzamiento de Blackstar. FOTO: Jimmy King

     

    Y ahora os voy a contar por qué soy fan de David Bowie.

     

    Fui un descubridor tardío de David Bowie. Compré con 11 años (1977) el primer disco de mi colección, pero por esa época yo andaba con AC/DC, Yes, Camel y Génesis. Rock duro y rock sinfónico. Nada que pudiera verse amenazado por un tipo con el pelo del color de una zanahoria. El Duque tenía ya una carrera más que asentada cuando con 16 años un compañero me grabó una recopilación de Bowie en una TDK de cromo de 90 minutos. El Ziggy estaba entero. No podía no estarlo. Aquello me cautivó, yo quería ser Starman, casarme con Lady Stardust, viajar a Sufragette City, ser un suicida del rock and roll. ¿Dónde había estado metido ese tipo hasta entonces? ¿Qué había hecho yo con mi vida? ¿Por qué cojones perdí el tiempo escuchando a Yes? ¿A qué huelen las nubes?

     

    Puedes cansarte de una película tras haberla visto 30 veces. O verla un par de tardes al año durante toda tu vida (otro día hablaremos de El Padrino). Pero no puedes zambullirte por primera vez en Ziggy Stardust y que ese día no represente nada para ti. Si te gusta la música, este disco no puede dejarte indiferente jamás. Si lo hace, eres de esas personas que creen que una canción es eso que suena de fondo mientras friegas los platos o haces el trenecito en una boda. Error. Es la vida lo que pasa mientras suena Soul love o Rock and Roll suicide. Fue escuchar ese disco y considerar un simple pasatiempo todo lo que había oído hasta entonces.

     

    En 1983 yo escuchaba a partir de las tres de la tarde el Disco Grande de Julio Ruiz en Radio España y el Diario Pop de Radio 3 por la noche. Y os aseguro que Julio Ruiz es más fan de Bowie que yo. Ese año salió Let's dance, y durante varias semanas, no había día que Julio Ruiz o Diego A. Manrique no pincharan cada tema de aquel LP que Bowie compuso para “hacer caja” y llenar las pistas de baile. Hasta ese momento, mi líder espiritual había sido Stewart Copeland, batería de Police y el mejor músico de los tres que componían la banda de Sting. Aquella cinta TDK y China girl hicieron que Bowie se convirtiera desde ese momento en mi referencia. Y allí se quedó.

     

    Luego ya vinieron los viajes a Londres; el rastreo de rarezas y álbumes piratas; los tatuajes; la pesadilla que para mis seres queridos ha representado viajar en coche y anteponer las canciones de Bowie a las de otros; la compra de libros (la mitad de mi bibloteca de música está referida al de Brixton; docenas de camisetas; el gasto en cualquier novedad musical de David Bowie por leve (y cara) que fuera; la adquisición de sus úlimos discos en todos los formatos, incluido vinilo y digital.

     

    David Bowie, por qué nos has abandonado

    El autor de este blog en Londres, donde se exponía una antologica de Bowie. Ziggy a la derecha, Aladdin Sane a la izquierda

     

    Como había hecho siempre que publicaba disco nuevo o salía al mercado material inédito del artista, escribí el 8 de enero para ¿Hay vida en Marte? una amplia referencia sobre Blackstar, el último álbum del Duque (que se puso a la venta ese día), y dos días después la crónica principal del fallecimiento, poniendo el acento en las varias “muertes” de Bowie a lo largo de su carrera, su maestría para venderse él mismo como producto, su juego con los medios de comunicación y la influencia en movimientos musicales y bandas que no habrían existido sin él. Tampoco consideré necesario escribir algo más que no fuera repetir lo que otros a esas alturas ya habían dicho. En mis redes sociales difundí dos o tres mensajes.

     

    Lo que confirma la fascinante admiración que proyecta el creador de Ziggy Stardust sobre millones de personas es la cantidad de usuarios de internet que suman ya en las redes más alusiones al muerto que canciones han escuchado de Bowie en toda su vida. Y casi una semana después de su muerte continúan retuiteando el enlace de no sé qué portal digital que se pregunta en serio si Bowie era humano o alienígena. Sin descartar del todo cierto postureo, tal empatía ha de atribuirse casi en exclusiva a la grandeza del personaje, a su liderazgo en la música contemporánea y a la influencia ejercida por David Bowie en la cultura mundial en los últimos 45 años. Aunque no conocieras nada más que sus éxitos comerciales de los 80, sabes que ese tipo hizo algo grande, como lo hicieron (y algunos siguen en ello) Elvis, Dylan, Lennon, McCartney, Jagger, Richards, Beethoven o Mozart.

     

    Como curiosidad (y no sin sonrojo), el día que se conoció su muerte (11-E) mis cuentas de Facebook y Twitter se llenaron de muestras de condolencia hacia mí (¡¡Hacia mí, qué pudor!!). Menos de una hora después de anunciarse el fallecimiento (7.30 AM) ya tenía Whatsapp repleto de pésames. Incluso personas que ya no forman parte de mi vida y que no recuerdan ni el día de mi cumpleaños me enviaron correos electrónicos para acompañarme en el sentimiento.

     

    No conocí a David Bowie ni tuve el privilegio de entrevistarle, pero imagino que para mis allegados debo de ser lo más parecido a un pariente. Después de todo, a mediados de los 90 me conecté a internet con el apodo de Ziggy, que aún utilizo; en Facebook fui de 2008 a 2015 Jorge Aladdin Sane; en Twitter e Instagram soy @JorgeAladdin; y este blog, que vió la luz en 2009 y es el más veterano de esta casa, debe su nombre a Life on Mars?, un clásico del músico británico incluido en su álbum Hunky Dory (1971). Sí, soy el fan.

     

     

    Parece obvio pensar que a punto como estaba de convertirse en septuagenario, en lo musical poco va a cambiar con la desaparición del londinense, a pesar de anunciarse que ya había compuesto cinco canciones para el que habría sido su vigésimosexto álbum de estudio. Os aventuro que su disquera va a hacer caja con todo el material inédito que debe de quedar de un autor cuya carrera comenzó a mediados de la década de 1960, con miles de actuaciones grabadas en directo, demos, piezas desechadas, versiones y colaboraciones con otros artistas.

     

    En lo emocional (confieso que se me escapó alguna lágrima cuando me enteré de su muerte), a muchos admiradores exagerados de David Bowie (como yo) les ocurrirá lo mismo que a los de Elvis Presley, Kurt Cobain o Michael Jackson. No le conocimos, quedan centenares de canciones maravillosas que seguir escuchando y se consolida la certeza de que en su día elegimos bien a quien admirar, pero es inevitable pensar que con su muerte se ha acabado “algo” que no podemos precisar qué es, pero lo que quiera que sea, para los mayores de 40 años, aquellos que pasaron su adolescencia tarareando Absolute beginners o profundizaron luego en toda la obra de Bowie y entendieron su papel cultural, concluyó el 10 de enero de 2016. Posiblemente, eso que muchos damos por finalizado con su fallecimiento sean todas las etapas de nuestras vidas en las que su música estuvo presente. A fuerza de mi entusiasmo, las personas de mi vida descubrieron al músico, al personaje y a David Robert Jones. Sé con qué canción asociar a esas personas porque decidieron apropiársela para un determinado momento de sus vidas. Sólo por eso mereció la pena insistir.

     

    David Bowie, por qué nos has abandonado

    Placa ubicada en la londinense Heddon Street, escenario en 1972 de la popular portada de Ziggy Stardust

     

    En 1982, Parálisis Permanente incluyó en su único LP, El acto, la mejor versión de un tema de Bowie (Heroes) que he oído jamás en castellano. El líder de ese grupo, Eduardo Benavente, falleció al año siguiente en accidente de tráfico y en un aniversario escribí una reflexión que no ha perdido temporalidad y sirve para cualquier inmortal. Es la siguiente:

     

    Hay vidas que se apagan como rescoldos incapaces de avivar el fuego y vidas cuyas cenizas permanecen vivas en la memoria de todos los tiempos. Las primeras nos corresponden a nosotros, personas anónimas amadas por nuestros seres queridos, entre los que dejamos la huella indeleble del amor y el recuerdo. Luego están las otras, las vidas del rescoldo y la llama, esa llama inmortal reservada a los actores, a las actrices, a los hombres y mujeres de Estado, a los poetas, a los tiranos, a los futbolistas, a los escritores, a los héroes de guerra y a las estrellas del pop. No hay nada como una buena muerte a tiempo para construir el mito y la leyenda. Unamuno afirmaba que el deseo principal del ser humano es la inmortalidad. El decía que todos en cierta forma buscamos la inmortalidad. No hay ser más inmortal que una estrella del rock. Elvis, Michael Jackson, Kurt Cobain… no morirán nunca mientras pervivan en el imaginario popular, mientras haya un solo adolescente en el mundo que pinche sus discos o descargue sus canciones. Ya son inmortales.

     

    Él siempre fue inmortal.

     

    David Bowie, por qué nos has abandonado

     

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