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Mariano Miguel

Nadie me vio, no pueden demostrarlo, ya estaba así cuando llegué.

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No existe la verdad, lo que existen son distintas versiones.


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  • 20
    Septiembre
    2017

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    Alicante Hércules Deportes Echávarri subasta Ortiz Tote Falagán

    Podríamos hablar

     

    A ver si me aclaro. Entonces, después de tanta pasión derramada resulta que llega la subasta, publica y abierta a todos, y el único sobre con una oferta es el de Enrique Ortiz Selfa. O sea, que se monta un lío enorme para tirar a Ortiz y al final el reforzado es el propio Ortiz. ¿En serio? Y aún saldrá alguien con lo de “paga y vete”.

    Podríamos hablar de muchas cosas. Podríamos empezar por la plataforma de exjugadores. La de Falagán y Tote, el crack, el de “esta gente al final lo estropea todo”. La de “al día siguiente de irse Ortiz se harán 15.000 abonados”. Esa que se reunió con el alcalde de Alicante diciendo tener un proyecto y ni siquiera dejó copia del mismo. Esa con Tote de portavoz (sin duda nadie mejor que él para esa función) y que le reconocía a Borja Campoy que no sabía de donde iba a salir el dinero pero que decía tener inversor. Esa que atacaba ferozmente a quien les decía que no traían respaldo económico por ningún lado. Esa que contactaba con aficionados para que les hiciesen el trabajo de campo y la campaña en redes sociales. Esa que a la hora de la verdad no ha ido a la subasta. Esa que demostraría su valentía, que retrataría a gente y que obligaría a unos pocos a disculparse. Podríamos pero mejor hablamos de otra cosa.

    Podríamos hablar de Illueca y el IVF. De lo bien que ha gestionado el asunto. De los plazos, los precios, las tasaciones, los papeles que faltan, los que luego aparecen, el ahora sí pero no, el ahora no pero sí. Podríamos hablar de Illueca al que Falagán pedía por twitter que se comunicase con él. Ni teléfono ni correo oficial, por twitter. Que el pobre seguidor granota tendría que pensar “madre mía,con qué tropa tengo que lidiar por la tontería del fútbol”

    Podríamos hablar de plataformas varias. Salvemos al Hércules, salvemos ahora sí al Hércules, salvemos de verdad y una vez por todas al Hércules. Divididos todos como los frentes judaicos populares de la Vida de Brian. Plataformas con buena voluntad e intenciones pero sin lo básico: DINERO. Ni dinero, ni búsqueda de inversores, ni nada por el estilo. Como mucho apoyo a la plataforma de exjugadores, que tenían aún menos dinero que un puñado de simples aficionados.

    Podríamos hablar, también, de los que se arrimaban a esas plataformas. Acercamiento por interés. Dejadme a mi que vosotros no sabéis y yo tengo contactos políticos.

    Podríamos hablar de proyectos que pasaban por la desaparición del Hércules. Porque por mucho que a esta ciudad le de igual y un equipo en 1ª llenaría el Rico Pérez, el primer paso, el de la travesía en el desierto, solo se hace con fieles. Unos fieles que no se harían de un equipo nuevo y paralelo. Por tanto, tendríamos que hacer desaparecer al Hércules y luego fundar algo o traerlo de fuera. Mandar a algunos a curtirse y aprender y luego presentarlos como herederos. Podríamos hablar de que la coincidencia de intereses entre unos y otros tiró todo por tierra. Si es que hasta hubo suerte, no había palco para tanta gente ni despacho para tanto director.

    Podríamos hablar de Gabriel Echávarri. De que prometió en campaña sacar a Ortiz del Hércules. De lo que decía a todo aquel, aunque eran pocos, que le decía que su plan hacía agua. Podríamos hablar de que fue él quien dio pie a Plataformas sin recursos; que se reunió con gente que no tenía capacidad para nada; que amenazó, sin ser accionista de la entidad, con acciones legales si se llevaba a cabo la Operación acordeón (por cierto, por un importe similar al que luego se prometió que se pediría en la primera subasta). Podríamos hablar de su “no, gracias, soy abonado”, de su palco alternativo en un Hércules-Alcoyano, de su lío con las entradas para el España-Inglaterra, de su “hay un inversor de Singapur cuyos abogados lo están ultimando todo con el IVF”. De su anuncio de que un inversor contestaría por carta en 15 días y se le entregaría el club, así, sin subasta ni nada, solo con que por escrito se comprometiese a pagar. Podríamos hablar de su insistencia en que las instituciones públicas se hiciesen con el estadio, de su llegada al palco, de su camino hacia la paz, de su conversión en el mayor aliado del club, de su intermediación con el IVF para acordar un precio de salida de la subasta que luego resultó ser el doble. De su paso cercano al hooliganismo, de sus giro pasando por menospreciar a los dirigentes del club a mostrar bufandas inapropiadas, de su conversión en secretario técnico virtual pidiendo fichajes y renovaciones. De las bromas que se hacen sobre si es gafe o no. Podríamos hablar de si, realmente ha acabado por cumplir media promesa electoral. No la de sacar a Ortiz pero sí la de salvar al Hércules.

    Podríamos hablar de Enrique Ortiz. Podríamos hablar de como ha mantenido silencio en los dos años y medio que llevamos con esta guerra. De su única declaración, la entrevista de Toni Cabot el 6 de octubre de 2015. “Si el alcalde tiene un inversor serio para el Hércules que lo presente y me marcho”. Y aún así siguió el espectáculo. Podríamos hablar de si ha generado la deuda o no. De si esa deuda la tiene que pagar. De si esa deuda la tiene que pagar por ser el dueño del club o quien la generó. Porque eso, al final, es la base de todo. En cualquier empresa paga el dueño, no quien genera la deuda. Tú lo compras, tú asumes los pagos. De cajón, básico, de 1º de Gestión. Podríamos hablar que ahora, por todo lo que ha pasado, es el dueño del club. Con Ramírez, vale, pero el dueño. Porque todos sabemos que va a mandar él. Y es el dueño con papeles, certificado oficial, se lo ha entregado una institución pública tras subasta pública. Sin dudas. Ya no vale lo de que es el dueño sin serlo y todo eso. Se acabó, es el dueño porque los que prometieron sacarlo del Hércules se lo han entregado, y lo han hecho tras buscarle porque no había nadie más, porque era el único dispuesto a hacerlo. Y ahora, que de verdad es el dueño, se le tendrá que exigir. Que palme pasta en este negocio infame e ingrato que es el fútbol. Que palme pasta para que gente como yo pueda sacar un abono por 80€ y pensar que mantiene el tinglado ese gasto.

    Podríamos llegar a la base de todo este circo. A preguntarnos quién iba a comprar un club por 500.000 € para a continuación asumir una deuda enorme y brutal. Pues nadie, está claro. Pero nadie ahora ni en 2015, cuando Echávarri, Plataformas, Salvadores, exjugadores, ingleses, singapurenses y elementos varios saltaron a la pista central. Nadie, porque nadie en su sano juicio lo haría. Porque en aquellos tiempos ahora lejanos el Elche estaba en 1ª, con 20.000 abonados, con ingresos de la tele y con una deuda que los mandó a 2ª de solo 7.000.000 de euros. ¿Y de verdad alguien creía que pudiendo comprar el Elche iba a venir un extranjero a comprar el Hércules por más del doble de dinero, en 2ªB, sin ingresos de la televisión y con 5.000 abonados? No hacía falta ser palmero, interesado, tóxico ni dañino para verlo. Solo intentar pensar. Nada más. Y, evidentemente, si no lo había hace dos años no lo había hoy que se cerraba la subasta. Así de simple, de sencillo, de claro.

    Y sin embargo...

     

     

     

     

     

     

     

    Y sin embargo, en el Hércules que imagino me hacen falta todos. Me hace falta Don Enrique Ortiz para que pague; me hace falta Gabi Echávarri porque el sitio de un alcalde es el palco; me hacen falta exjugadores, sean los que sean, si tienen alguna idea que se puede aprovechar; me hacen falta plataformas de socios, abonados o simples aficionados porque son el motivo por el que luchar, porque hay que saber fiscalizar, apoyar cuando se deba apoyar y criticar lo que se deba criticar. Me hace falta gente como Manolo Piera, que se cabree y lo pase mal cuando perdamos; como Luis Hernández que aporte sensatez menos cuando se acerca un derby; me hace falta gente que anime, si puede ser en una grada de animación en la que se pueda entrar; me hacen falta inversores de Singapur, de Londres o de donde sea que saquen tajada si es necesario pero pongan dinero. Me hace falta salir del pozo de desesperación que es la 2ªB para que esta ciudad se vuelva a enchufar. Me hace falta que siga rodando esta rueda para pasar los domingos con amigos, familiares o solos viendo jugar al Hércules.

    Podríamos hablar del IVF, de subastas, de deudas, de sobres, de llamadas telefónicas, de twitts, de páginas de Facebook, de recoger firmas, de inversores que nunca aparecieron, de plataformas, de jugadores, de exjugadores, de simples aficionados, del daño ocasionado a algunas personas, de políticos, de aspirantes a políticos, de advenedizos, de refundadores, de niños creyéndose hombres, de proyectos con delirios de grandeza, de Echávarri, de promesas electorales, de Ortiz, de Parodi, de Ramírez. Podríamos incluso poner los enlaces a noticias o fotos con capturas de pantalla de lo que dijo e hizo cada uno. Podríamos hablar de todo eso. Pero no merece la pena.

    Podríamos hablar de fútbol.

    Podríamos hablar del Hércules.

     

     

     

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