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Mariano Miguel

Nadie me vio, no pueden demostrarlo, ya estaba así cuando llegué.

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No existe la verdad, lo que existen son distintas versiones.


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  • 17
    Octubre
    2017

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    Alicante Deportes

    Cómo montar un tripartito

    Quien conozca un poco esta ciudad no se sorprenderá por lo que ocurre en el Ayuntamiento, por los tres gobiernos paralelos y opuestos, haciéndose oposición entre ellos y mandándose mensajitos diariamente a través de la prensa, redes sociales o aprovechando cualquier acto público. Alicantinismo en estado puro. Alicantino como el Hércules. De hecho, ya decía el sr. Echávarri que no se podía ser alicantino sin ser herculano. Lo que a su vez limita un poco el número de alicantinos de verdad en esta ciudad.

    La cosa iba más o menos bien hasta que surgió la necesidad de despedir a Siviero. Si es buen entrenador o no es algo que deberán analizar los que saben de fútbol, o si era el entrenador apropiado para esta plantilla. O este club. O esta ciudad. Lo que sí está claro es que era el momento de hacerlo. O ahora o nunca. O se despide para buscar un cambio o se lía la manta a la cabeza, nos tiramos al monte y que sea lo que Dios quiera. Son cosas que luego analizaremos en junio, con el curso terminado. Entonces podremos ver lo acertado o no.

    Lo normal en este negocio es tirar al entrenador y seguro que todos los que se dedican a esa profesión lo saben. No pasa nada, esto funciona así y ya está. De hecho, tampoco es necesario crucificar a quien lo haya fichado. Se reconoce el error y punto, se subsana y a seguir trabajando. ¿O es que cada vez que un trabajador hace mal su trabajo le despide a él y a todo el departamento de recursos humanos? Ser entrenador significa asumir el hecho de convertirse en cabeza de turco. A la mínima te vas fuera y a otra cosa, mariposa.

    Lo que no es normal, o no debería serlo, es salir a dar una rueda de prensa como la que dio el sr. Ramírez. No se puede cargar contra todo y todos y mucho menos hacerlo sin dar nombres. Si lo hacemos lo hacemos bien, hombre, no a medias. Salir a decir que con el entrenador se deberían ir unos cuantos jugadores no es función de un presidente. Al menos en público. Siempre he pensado que los clubes de fútbol deben tener un directivo hooligan. Un ariete mediático que incendie un par de contenedores de vez en cuando, que de juego a la prensa y que busque el aplauso de sectores de la grada. Muy de los noventa, para que nos vamos a engañar. Pero no el presidente, por favor. Para leer y escuchar exabruptos de estos ya tenemos la política local.

    Las ruedas de prensa de un cargo de este tipo deben ser como las que daba Carlos Parodi. Se da las gracias y se desea suerte y ya está. O despedirse como lo hizo Dani Barroso, quedando como un señor, reconociendo que ninguno de los tres proyectos buscando el ascenso habían funcionado y ya está. Pero nunca, jamás, cargando contra la plantilla. Nunca. Eso en privado, como las buenas familias. Yo quiero un presidente que se parta la cara públicamente por todos y cada uno de los empleados del club aunque luego, en privado, tenga que ser duro.

    Salir a señalar a jugadores y por extensión a la Secretaría Técnica que confió en ellos es un error. Principalmente, porque una persona que presume de saber de fútbol y de que le gusta debería saber que los jugadores son, o deben ser, intocables. Al menos en público. Si hay que ponerles las cosas claras se hace, pero en privado. En un despacho, en el vestuario o donde se tercie, pero no en una sala de prensa. Salir a señalar para que otros apunten los nombres no es de recibo. Es buscar que el trabajo sucio lo hagan otros, que especulen los aficionados y señalen desde la grada.

    Si alguien sabe de este negocio debería saber estas cosas. Como que también los jugadores leen la prensa o hablan entre ellos. O entre compañeros de otros equipos. Así que imaginad a ese futbolista a quien llaman para que venga en el mercado de invierno y buscando en google noticias sobre el club. Vamos, como para salir corriendo. Entre los que predicen la muerte de la institución desde hace unos 95 años y un presidente que carga en público contra sus trabajadores es como para pensárselo. O para hacérselo mirar. O podemos plantearlo al revés, a la mínima que se muestren las diferencias externas aparecerán otros clubes a llevarse a pesos pesados, entonces a ver que cara se nos queda intentando convencerles para que se queden. Porque eso ya lo intentaron en verano y lo intentarán en invierno.

    Tampoco nos engañemos, en estos momentos el Hércules sigue necesitando de Ramírez. En primer lugar porque pone la pasta que no puso ni quiso poner ninguno de esos inversores fantasmas de los que se habló; y en segundo, porque estamos en pleno lío con el IVF. A lo mejor, sí es contra el IVF y contra Illueca contra quien hay que cargar públicamente en las ruedas de prensa. Más que nada por el feo asunto ese de quedarse primero la fianza para entrar a la subasta y luego devolverla, o por lo de los plazos, o por lo de los 100.000 euros de gastos. Esos detalles sin importancia. Contra eso sí. Porque es el enemigo exterior. Contra el interior no, ni contra los jugadores ni contra quien comparte despachos contigo.

    A no ser, que está por demostrar, que el sr. Ramírez, en solitario, pueda asumir los gastos que se avecinan. ¿Puede? Bueno, pues en relación a eso habrá que actuar, digo yo. Mientras tanto lo mejor, lo más conveniente, lo necesario, es apoyar a socios y empleados. No señalar públicamente a los jugadores o a algunos de ellos. Ni recordar aquello de quien les paga porque ellos podrán recordar que quienes ganan los partidos, quienes juegan en el campo son los jugadores. Un equipo. Si nos cargamos otro vestuario no hay equipo, no se gana, no se sube. Solo la Lazio de las pistolas consiguió ganar algo pese a la división interna, pero ni siquiera a aquel equipo de macarras armados los puso a parir públicamente el presidente de la entidad. Y si cargamos contra nuestros socios sin tener la capacidad de llevar el negocio a solas la cosa se puede complicar.

    Sería mejor, llegados a este punto, centrarnos en enemigos exteriores, que abundan. En los problemas que tenemos fuera. Para eso sí que hace falta un directivo hooligan. De lo contrario acabaremos pareciendo el ayuntamiento de esta bendita ciudad. Tan ocupados en hacer la puñeta a los socios que nos olvidamos de lo de fuera y de solucionar los problemas.

    Mira, se me acaba de ocurrir. Cuando el sr. Echávarri deje el cargo podemos llevarlo a Romeu Zarandieta. Al fin y al cabo es experto en enfrentamientos con todos y por todo. Y herculano. Seríamos felices.

     

     

     

     

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