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Aparici

Escritor entusiasta de las causas más desfavorecidas de nuestra sociedad.


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  • 05
    Abril
    2018

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    SOCIEDAD Alicante

    PODER DE DEDUCCIÓN

    Flecos de luna asoman en público, la reluciente y pulida capa de barniz se quiebra, semeja más a maquillaje, a salud de bote que a otra cosa. Es como si alguien se hubiera emperrado en salir de su aturdimiento y va y la lía, nos arrastra en nuestra aturdida mirada mostrando de continuo su impaciencia mal contenida y sonrisa forzada. Sus gestos de realeza han sacudido el corazón de muchísimos españoles hasta robarnos el aliento y envolvernos en incredulidad.
    Me refiero a su Majestad la Reina Doña Leticia y a sus gestos y expresión glacial en ese rifirrafe sostenido con su suegra la Reina Emérita Doña Sofía. Sentí vergüenza y por qué no, indignación. De muy poco sirve el que nuestro Monarca se esfuerce por cambiar la visión un tanto aciaga que de la Monarquía sostenemos muchos españoles, cuando su egregia madre y esposa están a la greña en público. Vemos las imágenes en video y nuestro cerebro no da crédito a lo que los ojos ven. ¿Es esa la educación más acertada que ha de recibir nuestra futura Reina Doña Leonor? No me ha gustado nada observar cómo, no sé el por qué, la Reina sabotea la fotografía que su suegra pretendía obtener con sus nietas. Ignoro qué maldad contempla esa imagen, qué misterio esconde una simple fotografía entre una abuela y sus nietas.
    ¿Es el protocolo que concierne a la realeza tan rígido como para no poder soportar una inocente fotografía familiar? ¿Es por cuestión de protagonismo el que una Reina afee a otra su proceder e impida esta instantánea pretendida? Sobre el Protocolo, recuerdo hace años, cuando ejercía como escritor investigador, que en el Club Información de Alicante, con motivo de la presentación de uno de mis libros, me sentaron en el escenario justo en el centro de la mesa presidencial. El cartelito con mi nombre estaba colocado y me senté donde me indicaron. Una vez aposentados los cinco componentes de la mesa, recuerdo que llegó alguien por detrás quién le indicó algo al presentador, lo cierto y verdad, es que nos movieron a los cinco de nuestros asientos y colocaron a la señora concejala en mi silla, y a mí, un poco más y me sacan del escenario. Como comprenderán no me importó lo más mínimo, tenía los pies en el suelo y el corazón henchido de gozo por poder presentar un nuevo libro y contar con tantas personas y personalidades en ese acto tan entrañable.
    Bueno, no nos hace falta sostener grande poder de deducción para dilucidar que algo huele mal en la Monarquía. El aroma de la inocencia ha huido incluso de las niñas. Creo que igual la Reina debiera dejar de mostrar su espíritu de fiereza indómita y no disputar el amor o afecto de sus hijas. La abuela Reina tiene todo el derecho del mundo al afecto y cariño de sus nietas. Dejemos que el tejido del tiempo cicatrice esta herida que tanto nos ha impresionado.

     

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