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El cofre de mis tesoros
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Escritor entusiasta de las causas más desfavorecidas de nuestra sociedad.


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  • 11
    Septiembre
    2017

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    SOCIEDAD Alicante

    AIRE SOMBRÍO

    Es mi opinión. Creo que sin duda alguna todos los españoles preferiríamos que a esta altura de siglo encontrarnos en suelo patrio el frente despejado, pero parece que la borrasca independentista catalana amenaza truenos y rayos. No sólo se escuchan por aquellos lares alharacas y sensaciones de desolación y temor en quienes no desean la cacareada independencia, también se perciben respiraciones pedregosas y muy agitadas.
    Las miradas de angustia se extienden por toda España entre quienes deseamos todo lo mejor a nuestros hermanos catalanes, aunque tal vez, conforme se acortan los plazos para evitar este desaguisado, algo comienza a ser casi inevitable, y esto es el penetrante aroma de enfrentamiento y crispación. Con cada día en que los partidarios separatistas alardean su intención, en España va in-creschendo el disgusto e indignación, y quiera Dios que no se transmute en odio o rechazo hacia lo catalán. A sus dirigentes políticos les importa poco desobedecer la Leyes españolas y animan a proseguir en la separación dando preponderancia a todo aquello que emana del Parlament en detrimento de lo español, y hasta la fecha parece les resulta positivo. Pero esa es la mentira, que o tenemos y hacemos acatar las Leyes, o reinará el caos.
    Tenemos todos la ineludible obligación de serenar los ánimos. Los prebostes catalanes ya no pueden recular, han llegado muy lejos sin que Mariano Rajoy, a la sazón presidente del Gobierno de España, haya movido un dedo hasta el mismísimo instante en que el Parlament ha incumplido con sus embistes soberanistas las leyes españolas. Rajoy se ha mostrado en su salsa, como ese personaje que saca la silla al portal de su casa y aguarda pacientemente a que su enemigo pase frente a ella. Mientras los independentistas no han cesado de jugar sus bazas, en tanto el pueblo español no sólo se conduele, preocupa y disgusta, si no que en su mirada propia perciben el aumento de la penumbra agobiante que crece en Cataluña.
    No creo o concibo que tras el uno de octubre Cataluña abandone España. No lo concibo de ninguna manera, y si algo estoy aprendiendo en las últimas semanas es que nunca hay que convergir con las ideas anarquistas de la CUP, y que cuando se invoca reiteradamente una mentira cual es la de la preponderancia de legitimidad de las leyes catalanas sobre las españolas, el mensaje cala entre los indecisos que aducen que el votar siempre es bueno. Todos, catalanes o no, aportamos nuestro esfuerzo para conseguir vivir en Democracia, y no nos merecemos esta situación que parece nos cae de golpe y que muchísimas personas no entendemos. Recobremos el sosiego y el sentido común que este acontecimiento merece. Dejemos de permanecer entre las sombras y el polvo de la desobediencia. Aplíquese la Ley para todos por igual y dejémonos de notas y ademanes crispados. Qué podamos seguir mirando con orgullo a Cataluña, y que así sea. No más aire sombrío.

     

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