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Sobre este blog de Sociedad

Escritor, articulista, ensayista y aficionado a la poesía:


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  • 30
    Marzo
    2018

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    SOCIEDAD Alicante

    LE LLAMAN ROJO, OTROS FACHA, Y NO LLEGA NI A ROJILLO

     

    LE LLAMAN ROJO, OTROS FACHA, Y NO LLEGA NI A ROJILLO
     
    Cuando estoy en polo positivo, crítico y protestón, me discrepan y rehúyen de mí algunos bienaventurados que se denominan rojos y se consideran progresistas porque abrazan la torpeza y la crueldad del marxismo. Cuando estoy en polo negativo, sectorial, de reproche idealista, me repudian los conservadores que abrazan el fascismo demoledor desde las raíces del conservadurismo. Son los mismos que aspiran al sector rojo, de reparto productivo, o a pertenecer al denominado sector eclesial o de sangre azul en privilegio social dominante.
     
    Desde mi plebeyanía no sé, sin embargo, cómo decirles a unos y otros que soy, o quiero ser, daltónico en lo ideal, libertario en la expresión y dueño de las emociones que libre y democráticamente manan de mi conciencia y dosifico a mi modo de ver y pensar. No hay, sin embargo, más ciego que aquel de ojos aseados que no quiere ver o se considera distinto, mejor que aquellos que no arropan su aspiración ideológica. En ocasiones es tanta la sabiduría que consideran en abrigo de sí mismos que no saben ni quieren comprender que el fascismo no tiene dueño predefinido. O sea, que el fascismo no es de Mussolini, Hitler o Franco, sino que puede germinar y germina entre conservadores y progresistas. El fascismo, no en vano, pertenece al ramo del radicalismo autoritario que la intransigencia humana, sectorial, puede imponer e implantar en la sociedad. Indistintamente de si se abraza desde la izquierda o desde la derecha. Y suele darse cuando aspiran a imponer su fuerza ideológica, cultural o modos de vida sectorial sin pasar por el sufragio universal.
     
    El segundo decenio del siglo XXI ha despertado de un letargo de sueño apacible, a través del odio y la sinrazón de los separatismos de trinchera, sin enemigos ni combatientes que les metan en vereda. Podría ser el preludio, o el comienzo, de un desmoronamiento social paulatino, o de una convivencia pacífica que se nos esfuma y deberíamos saber sofocar antes de que las raíces traspasen el umbral de la fraternidad. No cabe duda de que el respeto a la unión nacional, a la libertad ideológica, religiosa, política y doctrinal fortalecen la comprensión humana, libera antagonismos y garantiza la paz social que los radicalismos podrían alterar.

     

    Agustín Conchilla

     

    Escritor.

     

     

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