BELÉN GARCÍA
L
a Conselleria de Sanidad lleva más de cuatro años sin aumentar la plantilla del equipo de celadores del departamento de Salud 16, según han denunciado los portavoces de Comisiones Obreras en el Hospital Marina Baixa. Durante ese período, sin embargo, la población sanitaria comarcal ha crecido más de un 10,7%, solamente teniendo en cuenta el número de tarjetas sanitarias dadas de alta, sin contar la población flotante y turística que también ha aumentado en porcentajes similares desde 2003.
Ante esta situación, los responsables de Comisiones Obreras denuncian la saturación de trabajo a la que se ve sometido el personal de este servicio, principalmente en el Hospital, donde también se han incrementado el número de consultas, intervenciones y urgencias en cifras que varían entre el 6 y el 15%, según datos recogidos de la memoria del Hospital.
Un grupo de 70 personas en el Hospital de La Vila, completado por otros nueve trabajadores subalternos en el Centro de Especialidades de Foietes de Benidorm, componen la plantilla de celadores del departamento de Salud, según datos de la Conselleria de Sanidad. Una cifra que, como en el resto de áreas médicas y de enfermería de la comarca, es "insuficiente para prestar una atención sanitaria adecuada sin sobrecargar de trabajo al personal", afirman desde CC OO.
El equipo se encarga de transportar y atender a los pacientes por el interior del Hospital, apoyar al personal de enfermería, asear a los enfermos ingresados en las plantas de hospitalización, recepcionar y distribuir los pedidos de material de suministros y farmacias, transportar historias clínicas para consultas, así como otras actividades, como mensajería, gimnasio de fisioterapia y reprografía que van en función de la unidad en la que trabajan. Sólo teniendo en cuenta que hay 206 camas hospitalarias y el equipo ha de hacer turnos para cubrir las 24 horas, los celadores apenas tienen tiempo de ocuparse de los pacientes ingresados.
Cabe destacar los problemas de este colectivo en Urgencias, donde son los encargados de recibir al paciente. En épocas turísticas, los enfermos han llegado a esperar hasta cinco horas para ser atendidos y los celadores se convierten en dianas de quejas e incluso de actitudes agresivas.