DIEGO COELLO
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as Fiestas de Moros y Cristianos de Altea tuvieron ayer un final feliz después de que la lluvia obligara a suspender diversos actos importantes en los primeros días de fiesta. La Entrada Mora, con los boatos de la alférez, Eva Fuster (Tuareg);, y del rey, Antonio Mut (Almoravides);, fue presenciada por más de 5.000 personas, y puso el broche de oro a estas fiestas que tardarán en olvidarse a causa de las fuertes lluvias de los pasados días. En cuanto a los festejos dedicados al Cristo del Sagrario, los actos religiosos acaban hoy con el nombramiento de la nueva comisión de fiestas de 2008, y durante el resto de la semana habrá toros y espectáculos ecuestres.
Por la mañana de ayer se celebró la misa en honor a San Blas, patrón de Altea, con la asistencia de autoridades, comisión del Cristo, cargos festeros, reinas y damas. Tras la celebración eucarística, se representaron en la Plaza de la Iglesia las Embajadas Mora y Cristiana, la primera de ellas anulada el sábado por la lluvia. Los embajadores de ambos bandos, Francisco Mut (Almoravides); y Vicente Lloret (Maseros);, lucharon dialécticamente con el rey cristiano, Francisco Such (Maseros);, y el rey moro, Antonio Mut (Almoravides); hasta que el castillo pasó a poder del bando cristiano tras perderlo anteriormente contra los moros.
A las 19.30 horas se iniciaba la Entrada Mora con el abanderado de la Associació, José Miguel Martínez (Malvins);, al frente. Unos 3.000 festeros desfilaron por las calles de Altea despertando la admiración del público por su majestuosidad y colorido de los trajes. Los moros de Arsem, Malvins, Cora d'Algar y Mitja Lluna dieron paso a los Tuareg con su alférez, Eva Fuster, sobre una hermosa carroza. A ella le siguieron los Sarraïns, Moros de Bernia, Beduïns, Berebers y Guardia Negra que dieron paso a los Almoravides, que este año ostentan el reinado moro. Sus máximos exponentes, Marta Jaime (abanderada);, Francisco Mut (embajador); y Antonio Mut (rey);, desfilaron sobre sendas carrozas que representaban distintas estancias del palacio árabe de la Alhambra, al tiempo que iban acompañados por un boato de más de 500 personas que trasladaron al público a la época de esplendor de los nazaríes en el siglo XIV.