11 de julio de 2017
11.07.2017

Un alcalde en constante batalla

Plantó cara a la falta de agua, al gigante británico del turismo, a la autopista e incluso a la ley con tal de defender Benidorm

11.07.2017 | 00:58
Miguel Pérez Devesa.

Al Miguel Pérez Devesa alcalde –8 de enero de 1974, 16 de mayo de 1977– le tocó batallar con años duros. Mientras España vivía inmersa en una vorágine política de cambios que desembocarían en la actual democracia, Benidorm atravesaba también su particular transformación: como ciudad, pero también como destino turístico.

Tras una etapa de la vida dedicada a la familia y a su profesión de médico, llegó al Consistorio como concejal en 1971 por el tercio de representación corporativo, a propuesta del Colegio de Médicos. Se empapó de municipalismo sentado a la derecha de quien entonces era alcalde, José Manuel Reverte Coma, también doctor y también fallecido recientemente, antes de dar el salto a la Alcaldía. Y, entonces, comenzaron sus batallas.

La primera, la falta de agua, que habría supuesto el «cierre» del Benidorm turístico y con la que empezó a lidiar de la mano de dos técnicos que también se habían estrenado con Reverte en el Ayuntamiento: García Antón y Paco Santiago. La segunda, el bloqueo de la touroperación, a raíz del agua pero también de dos siniestros –un incendio en el hotel Berloy y la caída de una cornisa en el Ducado que causó siete muertos– que pusieron en entredicho la seguridad del destino y que llevaron a Don Miguel a viajar a Londres y sentarse ante un directivo de Thomson para espetarle: «Benidorm os necesita tanto como vosotros a Benidorm».

Peleó con Fomento para diseñar el trazado de la autopista AP-7 a su paso por la ciudad y lograr el desbloqueo de esta importante infraestructura; inauguró el Cementerio nuevo, el Ayuntamiento de la playa, la Comisaría de Policía y un sinfín de obras y proyectos de vital importancia para Benidorm, que muchas veces negoció de forma callada y discreta, otra característica que destacan sobre manera quienes trabajaron a su lado.

También su coherencia y su rectitud de carácter. Las derrochó en su última batalla como munícipe, cuando el director de un diario local le llevó ante los Tribunales por falsedad documental tras inscribir a su hijo menor, Pepe, «el xiquet del lío», como nacido en Benidorm, cuando realmente había venido al mundo en Alicante. Don Miguel defendía que si la ley solo permitía registrar a los nacidos donde había hospitales, los pueblos pequeños «nunca tendrían hijos» y lo resumía en una brillante frase: «Todos los benidormenses somos alicantinos pero no todos los alicantinos son benidormenses». La defensa de esa idea y la condena posterior a tres meses de arresto mayor y 8.000 pesetas de multa, desencadenaron su destitución como alcalde, a pesar de lo cual, nunca se arrepintió. «Es una de las cosas de las que más orgulloso me siento», reiteraba cuando se le preguntaba por el tema, recordando que aquellos hechos sentaron las bases para que, años después, se acabara cambiando aquella cuestionada ley. Otra batalla ganada.

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