Fiestas de Moros y Cristianos

Altea claudica ante los moriscos

El municipio fue ayer una ciudad mora gracias al espectáculo visual y majestuoso con el que se impregnaron las principales calles en la Entrada Mora

28.09.2016 | 01:14
Altea claudica ante los moriscos
El rey en el desfile moro celebrado ayer por las calles de Altea y donde el bando de la media luna deleitó con su majestuosidad y vistosidad.

La localidad vibró con las batallas y alardos de la mañana en el casco antiguo para conquistar los sarracenos el castillo cristiano.

Más de diez mil personas en Altea, y un número incalculable en el resto del mundo gracias al canal municipal de Youtube, presenciaron en directo las evoluciones y desfiles de las filaes moras que comandaba el rey de Els Malvins, Toni Doménech.

La Entrada Mora comenzó pasadas las ocho de la tarde de ayer con el desfile de las reinas mayor e infantil del Cristo del Sagrario, Magda Orozco Borja e Irene Hidalgo Llinares, acompañadas por sus respectivas damas de honor.

En la calle Filarmónica se concentraban más de 2.000 personas, entre festers y miembros de los boatos, que saldrían como parte de las nueve filaes moras de Altea que poco después de las reinas y cortes de honor del Cristo comenzarían a llenar de color y majestuosidad las calles Pont de Montcau, Jaume I, Raspall y Plaça dels Esports.

La Entrada Mora la inició la abanderada mora de la Federació de Moros i Cristians Sant Blai, Clara Zaragozí Boucard, de la filà Cora d'Algar. Montada sobre una carroza que representaba una jaima en el desierto, la abanderada saludaba al público congregado. Tras ella, su filà. Los guerreros de La Cora, con sus característicos trajes de color negro y blanco, la escoltaban detrás como una guardia de honor. De la misma filà, también desfilaron una escuadra de niños, dos escuadras de mujeres jóvenes, una de hombres jóvenes, una de mujeres y otra de hombres.

A la Cora d'Algar le seguían los miembros de La Mitja Lluna para dar paso a la Filà Tuareg. La alférez mora de este año, María Llinares Carro, es miembro de esta filà y sus componentes presentaron un boato digno de su princesa de ojos azules. Un escorpión gigante, emblema de Els Tuareg, anunciaba la llegada de la alférez al son de la Colla de Xirimiters d'Altea. Las calles y sus gentes vibraban y ovacionaban a los hombres y mujeres azules del desierto que evolucionaban junto a los ballets de Alicia Montalva y un espacio lúdico de paz y fertilidad representado por un oasis. María, la dulce niña de 11 años, iba montada sobre un gigantesco camello móvil que llegaba hasta los tres metros de altura. Desde allí, la alférez saludaba y mandaba besos al aire a los miles de alteanos y visitantes concentrados en el recorrido. Más de 300 personas acompañaron a la pequeña en un espectáculo que transmitía la paz de los guerreros hombres azules del desierto.

En la calle ya se vislumbraba que la Entrada Mora estaba siendo un éxito. Y la Companya Sarraïns fue la que siguió tras los Tuareg. Los Sarraïns siempre llaman la atención por el maquillaje con que van caracterizados los miembros de sus escuadras. Color, música y luz llenaban la avenida Jaume I. Cinco escuadras de niños, jóvenes, hombres y mujeres desfilaban orgullosos tras el búho de oro, símbolo de los Sarraïns. A estos les siguieron los Moros de Bernia con sus vestimentas de colores verde y blanco, escuadra a la que llaman «els guapets». Y a continuación desfilaron los Moros Berebers, la Guardia Negra y los Moros d'Arsem para dar paso a Els Malvins y su gran boato que anunciaba la llegada de los cargos festeros: la abanderada Aray Hinojosa García, la embajadora Marian Sivera Pérez, y el rey Toni Doménech Gadea.

La llegada de Els Malvins provocó la admiración del público. Un espectáculo visual y majestuoso donde participaron más de 500 personas y numerosos animales en los que predominaban los dromedarios y caballos de doma. La llegada de Aray fue precedida por un espectáculo jovial tipo Bollywood. La embajadora Marian iba montada sobre una carroza que representa un oasis con grandes palmeras. Y el rey Toni Doménech desfiló montado sobre una gran plataforma en la que predominaba un gigantesco escudo, símbolo de Els Malvins. Junto a él, unas bailarinas orientales contaban la historia de una boda árabe.

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