ARTURO RUIZ
Parte de la plaza de Sus Majestades los Reyes de Benidorm, popularmente conocida como la del Ayuntamiento, estaba ayer vetada para los transeúntes. Mediada la mañana, los operarios instalaron una serie de vallas justo debajo de la estructura horizontal del noble edificio que atraviesa de parte a parte la plaza en cuestión. El Conhabilitó este "perímetro de seguridad" prohibido a los peatones como medida de seguridad debido al fuerte viento que se registraba en la capital turística y que podía provocar el desplome de las emblemáticas cristaleras del edificio municipal. Aunque ese peligro no era "inminente", según tranquilizó el concejal de Servicios, Conrado Hernández, la decisión tampoco parecía exagerada: de hecho 60 de esos vidrios, de gran valor sentimental para la ciudad debido a que en los mismos están inscritos los nombres de los vecinos, se encuentran muy deteriorados y seis de ellos ya se han venido abajo, tres de los mismos en fechas recientes. Por fortuna, todos los vidrios que cayeron lo hicieron dentro del recinto del inmueble, no en la plaza. Pero más vale prevenir.
Que este emblemático espacio de Benidorm estuviera pues ayer copado en parte por vallas y cintas de seguridad desata las dudas sobre el estado real de sus famosas vidrieras (o de la forma en que las mismas se han preservado) y, por extensión, de un edificio que no es precisamente antiguo: fue inaugurado en 2003, hace menos de una década. Tampoco es un edificio cualquiera: está incluido en numerosos manuales de arquitectura y se le considera un símbolo por su estructura horizontal, que contrasta con el modelo vertical del resto de la ciudad. Esta situación resulta así sorprendente: es impensable que en días de viento como el de ayer tuviera que aplicarse la misma medida de prevención en el resto de una ciudad repleta de rascacielos y con cristaleras situadas a una altura mucho mayor que las del Ayuntamiento. Algo pasa pues en este último.
Ante esta tesitura, Hernández anunció un estudio para verificar la fiabilidad de todos los cristales, se encuentren dañados o no. A más corto plazo, el edil informó también de que en cuanto los designios de Eolo lo permitan, se procederá a la sustitución de las láminas más dañadas sin esperar, como en principio era la intención de la concesionaria que vela por su mantenimiento, a que estén los nuevos cristales. Estos se irán reponiendo después, en cuanto estén disponibles las nuevas láminas cuya confección, precisamente por incluir desde 2003 los nombres y apellidos de todos los residentes que entonces vivían en Benidorm, es un tanto ardua.
La posible inquietud por el estado del edificio del Ayuntamiento saltó a la luz pública hace un par de semanas, cuando el PP desveló que la citada concesionaria que se encarga de su mantenimiento baraja abandonar el servicio por los impagos del Consistorio. El PSOE salió respondiendo que esta situación no es nueva: y que ya en 2007, la anterior empresa que realizaba la misma labor también dejó Benidorm por los impagos cuando la ciudad era entonces gestionada por los populares.