A. RUIZ
La última ejecutiva del PSOE de Benidorm tuvo un valor simbólico. En ella, participaron por primera vez desde 2009 el actual alcalde, Agustín Navarro, y otros seis concejales o exconcejales que en septiembre de aquel año abandonaron el partido después de firmar la moción de censura que oficialmente los convirtió en tránsfugas. "Por primera vez en más de dos años, la ejecutiva se ha reunido con todos los miembros originarios" se felicitaba ayer un comunicado enviado por el propio partido, que en ningún momento ahondaba en los polémicos motivos por los que aquellos ediles dejaron el PSOE, en plena tormenta política por su apoyo al tránsfuga ex popular José Bañuls.
El comunicado recuerda, eso sí, que el regreso de Navarro y el resto de los regidores -Mariola Fluviá, Conrado Hernández, Irene Bajo, Natalia Guijarro, Juan Ramón Martínez y Cristina Escoda- fue apoyado por la militancia. Además, durante la ejecutiva el secretario general, Rubén Martínez, dijo que "en estos dos años la ejecutiva ha tenido que trabajar duramente para que los compañeros volvieran, muchas veces con sensación de soledad en esa lucha". Y el propio Navarro contestó en términos similares: agradeció que "desde el primer momento la ejecutiva guardara su sitio con el objetivo de luchar por su vuelta". Difícil es comprender entonces porqué se marcharon.
Pero eso ya es el pasado. De cara al futuro, la ejecutiva local debatió las enmiendas que presentará al congreso federal de Sevilla: la más llamativa pide que los militantes con dificultades económicas, en paro o jubilados sólo paguen una cuota reducida de 12 euros al año. Ahora es mucho más alta: 90 euros anuales.
Los socialistas de Benidorm también propondrán que en todos los procesos de elección de secretario general "se aplique el voto directo de los militantes", suprimiendo el sistema actual de delegados. Y que la elección de candidatos se realice "por primarias" y que en éstas participen "militantes y simpatizantes".