ARTURO RUIZ
El bañulismo sigue presente en Benidorm porque nunca se fue. El bañulismo es una de las cuatro o cinco sensibilidades del gobierno local del PSOE, y ya es de récord que un gobierno integrado por sólo 11 concejales tenga cuatro o cinco sensibilidades. El bañulismo es un galimatías administrativo: ahora está oficialmente representado por la edil de Movilidad, Maria del Carmen Martínez, quien está asesorada con sueldo municipal por José Bañuls, quien en la pasada legislatura era a su vez el edil de Movilidad y estaba asesorado por la propia Maria del Carmen Martínez, que entonces era su secretaria. Toma ya.
Sobre todas las cosas, al bañulismo le preocupan dos: primero, su proyecto más emblemático, el puente de Emilio Ortuño, cuyos problemas tampoco se han ido nunca: hoy el viaducto volverá a cortarse al tráfico para acabar unas obras que ya parecían acabadas. Y, además, le preocupa Park Control, concesionaria de la ORA. Park Control se divide a su vez en dos esferas de actuación: la primera le interesa al bañulismo y es cargarse a esa empresa, asunto por el que Bañuls y el alcalde, Agustín Navarro, deberán declarar como imputados el próximo día 17.
La segunda esfera le interesa a los ciudadanos, inquietos por saber si sube el coste o aumentan las plazas de la zona azul. Ambas esferas se unieron la pasada semana: la agencia Efe reveló el jueves que el bañulismo iba a crear 160 nuevas plazas de la ORA, lo que suponía un favor para la empresa días antes de que el bañulismo y Navarro deban visitar al juez... por atacar a la propia empresa. El viernes, el propio alcalde confirmaba la medida y decía que la habían reclamado los vecinos.
Pero el lunes, el bañulismo retiraba la propuesta sin ofrecer más explicaciones. No sabemos qué cara se le habrá quedado al alcalde. Pero parece evidente que el peaje que Navarro está pagando por aguantar el bañulismo es cada vez más alto. Y, a lo mejor, innecesario: se comprendería si el alcalde necesitara al bañulismo para mantener su mayoría, pero resulta que está en minoría y da igual estar en minoría con 11 concejales que con diez . Es cierto que Navarro siempre le tendrá que agradecer a "su amigo Pepe" que una vez le diera la Alcaldía. Pero eso ya pasó: ya han habido unas elecciones de por medio. Quizás ha llegado la hora de que Navarro dé un golpe en la mesa. Su propio partido se lo agradecería.