R. PAGÉS
Cuando mira hacia afuera, desde el escaparate de la papelería en la que trabaja, todavía no se cree lo que ven sus ojos. Maui vive en Callosa d'en Sarrià, pero todos los días baja a Benidorm para ponerse al frente de este negocio y, durante más de 16 meses, ha soportado en primera persona las molestias e inconvenientes que las obras del aparcamiento subterráneo de Tomás Ortuño han causado a decenas de comerciantes y vecinos de esta céntrica vía de la ciudad. Por eso, ahora, no se cree que "por fin" la calle vuelva a brillar con luz propia y se haya reabierto al tráfico.
Ayer fue el primer día laborable para los numerosos comercios y bares que pueblan esta vía, desde que el pasado sábado se dieran por concluidos los trabajos y se volviera a permitir la circulación rodada. Y en la mayoría de ellos, como le pasó a Maui, dos de las frases más repetidas fueron "ya era hora" y "por fin". "Los obreros se han portado muy bien y han sido comprensivos, pero el ruido y el polvo que hemos sufrido durante todo este tiempo ha sido insoportable". Así explica esta trabajadora y muchos otros dependientes de la calle, el "calvario" que han vivido. Pero eso "ya es pasado", como recuerda otra joven que vive en un piso de Tomás Ortuño.
Dolores Fragroso regenta una zapatería y llevaba meses "deseando que llegara este día". Explica que, en la calle, "aún se nota que la gente ha perdido la costumbre de pasar por aquí, es pronto, pero cuando funcione al cien por cien, creemos que la cosa se va a recuperar y que las obras van a ser positivas" para revitalizar el barrio. También confían en que en unas semanas, cuando se abra el parking, "vendrán más clientes, porque lo tendrán más cómodo y podrán aparcar con más facilidad que antes".
Tanto Maui como Dolores, y el resto dueños y empleados de bares y comercios, aseguran que estos meses "han sido duros", porque a la crisis económica general se han unido las pérdidas derivadas del cierre de la calle. Algunos las cifran en casi un 50 por ciento; otros dicen que no venden la mitad que antes, "sino una cuarta parte". Muchos establecimientos que han aguantado el tirón. Otros han cerrado definitivamente y en otros casos, como explica Sebastián, trabajador de una joyería, "hemos cerrado temporalmente -entre junio y diciembre- por la falta de clientes y, además, aprovechado para hacer una reforma".
Ahora esperan ver cómo se materializa el anuncio que les hizo el alcalde, Agustín Navarro, en la inauguración del sábado, acerca de que el Ayuntamiento estudiaría las fórmulas para compensar las pérdidas que han sufrido. "En este tiempo no nos han rebajado ni un euro en ningún impuesto. Esperamos que este anuncio no se quede sólo en palabras, sino que sirva de verdad para dar un empujoncito a los que seguimos aquí".