RAQUEL LÓPEZ
Cientos de vecinos y turistas volvieron a congregarse ayer en la plaza de la Constitución, en la última jornada de la denominada "Festa de la Carxofa", que se organiza cada año en el casco antiguo de Benidorm, durante el fin de semana siguiente a las fiestas Mayores Patronales desde mediados de la década de los 70.
La jornada comenzó temprano con la recogida de los "carxoferes" acompañados por un "xirimiter", un "tabalet" y la "bandeta", los cuales recorrerían, cuatro horas después, las calles más céntricas de la ciudad, junto al alcalde, Agustín Navarro, el presidente de la Festa de la Carxofa, Pedro Such, la concejal de Fiestas, Cristina Escoda, el presidente de las Fiestas Mayores Patronales de Benidorm, reinas mayor e infantil, concejales de la corporación, y presidente y miembros de la asociación de peñas Verge del Sofratge. El pasacalle terminó en la parroquia de Sant Jaume y Santa Ana, donde el cortejo hizo entrega de la tradicional ofrenda de flores a la Mare de Déu del Sofratge, asistiendo después a la misa oficiada en su honor, y tras la cual se dispararía un "bombardeo" en la plaza Castelar. Concluidos los actos religiosos, la chisposa laicidad que caracteriza a estos festejos agrupó, en la popularmente conocida plaza del "Calpí", a cientos de personas ávidas de degustar las sardinas a la plancha, variedad de carxofes y vino de la tierra que preparó la comisión del barrio. Una invitación al paladar que se repitió a las siete y media de la tarde.