RAQUEL LÓPEZ
La violencia abierta por la que te reducen a la esclavitud se puede soportar, pero no la servidumbre voluntaria que implica estar de forma doméstica con un señor que se cree tu amo". Con estas palabras el doctor en Derecho, Jesús Neira, introdujo el primer problema que, dijo, existe respecto a la violencia de género: el difícil reconocimiento de la víctima de su propia condición como tal. Un tema con el que abrió la conferencia de clausura del III Congreso de Violencia de Género que se celebró hasta ayer en Villajoyosa. El congreso abordó ayer el maltrato a la mujer desde la perspectiva policial y sociosanitaria, dejando para las ponencias vespertinas el papel de los criminólogos en la violencia doméstica y las consecuencias de ésta en los hijos. Distintas perspectivas que examinaron el maltrato machista y que se vieron aunadas durante la conferencia impartida por Neira. Éste enfatizó el refuerzo que ha de dar la Administración Pública y la sociedad a las víctimas una vez han logrado dar el paso de reconocer que están siendo agredidas. En este sentido, alertó ante la impasibilidad e indiferencia que muestra la ciudadanía a la hora de defender agresiones de este tipo que se producen frente a ellos, fruto de que "ya no se concibe ni la decencia ni la honorabilidad", a la par de un miedo motivado, entre otras cuestiones, por la permisividad de los delitos. Neira, que repitió formar parte de "una generación de imbéciles" en muchos aspectos, admitió que al menos en ése la generación actual ha hecho aguas. Finalmente, Neira recordó que este tipo de violencia compete en exclusiva al hombre sobre la mujer, por una mentalidad ambigua que le lleva al contrasentido de querer a mujeres independientes y brillantes, a las que exige sumisión y servidumbre, cualidades que juntas, según dijo, "es imposible que se den".