P. CERRADA
El fiscal solicitó ayer penas que suman 18 años de prisión a un hombre acusado de provocar una explosión en una gasolinera de Villajoyosa tras rociar con gasolina su vehículo y reclamar la presencia policial para solucionar sus problemas familiares, ya que, según dijo ayer en el juicio celebrado en la Audiencia, llevaba un año esperando el divorcio y varios meses sin ver a su hija. La deflagración causó heridas a dos policías locales que se abalanzaron sobre el hombre para reducirlo en su coche antes de que estallara toda la estación de servicio. La acusación particular pidió la misma pena que el fiscal y la defensa solicitó la absolución por enajenación mental del procesado. El fiscal le acusaba inicialmente de un delito de amenazas a un juez pero lo modificó ayer en la vista oral y lo redujo a una falta de respeto a la autoridad.
Los hechos ocurrieron la mañana del 19 de julio de 2008 en una gasolinera de la partida Torres de Villajoyosa. Según la acusación pública, el procesado G.LL.E. llegó con el coche a la estación de autoservicio y pidió en caja que le marcaran 25 euros de gasolina. A continuación cogió el acusado la manguera y comenzó a rociar con gasolina el interior del coche. Un empleado se dio cuenta y cortó el repostaje cuando había echado un litro y medio de combustible, momento en que cogió un mechero y le amenazó al tiempo que trataba descolgar otras mangueras. El hombre se metió en el coche y comenzó a intimidar a los empleados con un mechero para que llamaran a la Policía Local y a la Guardia Civil.
Los policías que acudieron relataron ayer que al entrar a reducirlo en su coche encendió el mechero -él lo negó- y salieron despedidos por la deflagración. Una agente indicó en la vista oral que el acusado achacaba todos sus problemas al juez. Tanto el procesado como dos policías sufrieron quemaduras.
El acusado declaró ayer que "quería pegarme fuego delante de ellos" y aseguró que no pretendía hacer daño a los agentes, ya que en ese caso "rocío el coche por fuera y volamos por los aires".
Los forenses descartaron alteraciones mentales en el procesado mientras que su defensa alegó que en 2001 estuvo ingresado por un trastorno esquizofrénico.