R. PAGÉS
El Ayuntamiento de Benidorm se convirtió ayer en una manifestación ciudadana de partidarios y detractores de la moción de censura. Mucha era la expectación y muchos los que no se lo querían perder. Más de setecientas personas -vecinos, turistas nacionales e incluso extranjeros sorprendidos por lo que estaban viendo- coparon el salón de actos, el vestíbulo y la puerta del ayuntamiento para seguir un pleno "histórico" y en el que el PSOE quitaba al PP el poder con las mismas armas con las que éste se lo arrebató hace dieciocho años. Y en la calle, como en el debate, los socialistas ganaron también.
Las doce del mediodía era la hora fijada para el inicio de la sesión, pero antes, mucho antes, desde pocos minutos después de que las puertas del edificio se abrieran a las ocho en punto, ya había gente haciendo cola junto al salón de actos para conseguir un sitio desde el que seguirla en directo. Los primeros en llegar, simpatizantes de uno y otro bando, fueron enfilados al interior del consistorio y, fuera, sólo los periodistas franqueaban la entrada principal. La amenaza de lluvia y la falta de público hasta pasadas las diez y media presagiaban que la mañana podía ser tranquila, pero éste sólo fue un espejismo de lo que vendría a partir de entonces.
Con la plaza del Ayuntamiento copada de público comenzó la tensión. Una vecina con una camiseta con el lema "Bañuls, devuélveme mi voto" fue la chispa que levantó las primeras disonancias. "Que me devuelvan a mí el de Maruja de hace veinte años", le espetó inmediatamente una simpatizante socialista, a la que después se unieron varios más para defender al ex concejal del PP alineado ahora con el grupo de Navarro. El chaparrón -textual y metafóricamente- no había hecho más que empezar.
Con la lluvia, el ambiente se trasladó al hall del consistorio, donde la tensión volvió a reavivarse con la entrada de los concejales al salón de plenos, aunque en ningún momento llegó a ser necesaria la intervención de los veinticinco policías locales que formaban el dispositivo de seguridad. "Alcalde, alcalde" fue el canto con el que las bases socialistas, mucho más numerosas que las de sus adversarios políticos, recibieron a Agustín Navarro y a todos sus concejales. A estos gritos, los populares sólo pudieron responder con leves silbidos y algún que otro grito de "chorizo", que rápidamente fueron silenciados por otro canto que se repitió hasta la saciedad: "ista, ista, ista, Benidorm es socialista".
La llegada de Manuel Pérez Fenoll y su equipo, apenas un par de minutos antes de las doce en punto, también fue recibida con aplausos de los suyos, que en ese punto ya habían distribuido en el exterior pasquines que rezaban "manos arriba esto es un atraco" o "Benidorm no paga traidores. Bañuls traidor", silbatos y alguna que otra bandera con la gaviota del PP. Pero fue en vano.
Los gritos de "Agustín, Agustín" y "alcalde, alcalde" no dejaron de sonar desde el hall durante toda la sesión, en contraposición con el ambiente de tranquilidad con el que se mantuvo el público del salón de actos, cuyas 200 butacas quedaron copadas en menos de una hora.
Con la votación y la elección del nuevo alcalde, la algarabía se adueñó por completo del ayuntamiento. Entonces, vinieron los llantos entre los militantes y algún cargo del PP, y aún más cuando vieron al hasta entonces alcalde, Pérez Fenoll, abandonar el edificio escoltado por la Policía Local y arropado por su mujer, sus dos hijas y el resto de concejales. Por contra, los socialistas aclamaron entusiastas el discurso improvisado del nuevo alcalde, y también a Bañuls. El único consuelo ayer para el PP fue, como dijo un militante, "esperar a 2011. Entonces, igual, gritamos nosotros".