JULIO MARÍN
La imagen que durante estos días más se ha repetido en el Ayuntamiento, al margen de las comparecencias de los políticos de turno, es la de los funcionarios y personal de confianza trasladando papeles y documentos. La recogida de efectos personales ha sido una constante desde que el pasado jueves 10 de septiembre se presentase la moción de censura. En realidad, estas jornadas se han parecido mucho al "Día de la marmota", si uno recuerda la conocida película de Bill Murray, "Atrapado en el tiempo", en la que un periodista veía como inexorablemente su día se repetía una y otra vez y cada vez que se despertaba amanecía siendo la jornada anterior.
En Benidorm ha sido parecido. No ha habido mañana en la que el personal de confianza o los ediles no recogieran documentos y en el que los propios regidores no salieran a la palestra para criticar o defender la moción, casi siempre con los mismos argumentos.
Ayer el trasiego de papeles ya se situó en un nivel inferior dado que la mayoría de traslados se habían efectuado. Pero aún se podían ver los despachos de socialistas y populares con montones de cajas apiladas esperando destino y los correspondientes asesores ordenándolas para una mejor localización. Los rostros, eso sí, eran bien diferentes. En un lado, el de los populares, muestras de resignación, conscientes de que la mayor parte de ellos no seguirán y pasarán a engrosar las listas del paro. En el otro, caras más sonrientes a la espera de nuevas responsabilidades. Los políticos, mientras tanto, a lo suyo. Unos casi desaparecidos y otros finiquitando tareas o realizándose la última fotografía como miembros del equipo de gobierno.