C. F.
Los sillones de las alcaldías se están convirtiendo en unos lugares demasiado inestables, habida cuenta de la proliferación de mociones de censura que están cambiando sus usuarios. Las victorias en las elecciones por minoría y los pactos de gobierno con partidos independientes han facilitado una concatenación de mociones de censura inusual, hasta el punto de que en toda la Comunidad Valenciana se han producido una decena, de las que cuatro han ocurrido en la provincia, tres de ellas en la costa norte de la provincia. Dénia, en la Marina Alta, rompió el hielo el pasado 7 de julio provocando que la socialista Francisca Viciano perdiera la vara de mando a favor de la popular Ana Kringe, con el apoyo del Centro Unificado, Gent de Dénia y del concejal tránsfuga del PSOE, Juan Collado.
El 6 de octubre fue el turno del portavoz del Bloc, José Joaquín Tur, quien fue proclamado nuevo alcalde de Calpe al prosperar la moción de censura suscrita con el PP y el Partido Social Demócrata (PSD) contra el socialista Luis Serna.
Ahora le toca el turno a La Vila Joiosa y a su alcalde, el socialista Gaspar Lloret, quien cederá la Alcaldía al popular Jaime Lloret si se consuma finalmente la moción el próximo 19 de noviembre. El río Amadorio baja revuelto en La Vila, puesto que la presidenta del Villajoyosa C.F., Elena Tito, ha presentado su dimisión por las constantes injerencias del edil de Deportes, Pedro Lloret, portavoz de Iniciativa Independiente, partido del que el edil que ha hecho posible la moción, Francisco Pérez Melero, se dio de baja hace un mes.
Sin embargo y tras año y medio de las pasadas elecciones municipales, hay otros dos municipios de la comarca que miran con mucha atención lo que va a suceder en La Vila, puesto que no están exentos de sufrir también una moción de censura: Alfaz del Pi y Altea.
Si bien en el primero esa opción parece ahora descabellada, puesto que no hay aparentes indicios de inestabilidad en el gobierno conformado por 7 ediles del PSOE, frente a 2 de CEE, uno de AIDDA, y otros siete del PP, formación ésta que no está atravesando por un buen momento interno y con la dimisión de su portavoz, Gabriel Such, todavía reciente. El hecho de que la portavoz de CEE, Isabel Davó, militase anteriormente en las filas populares convierte a priori en poco viable esa moción de censura en la localidad.
En Altea, por su parte, la opción de una moción de censura ha ganado enteros tras la votación plenaria de la adjudicación de la contrata del agua, que el gobierno de PSOE, con 8 ediles, y Cipal, con una concejal, perdió gracias a los votos del Bloc, con 3 ediles, y del PP, cuyos ediles suman 9. La ruptura del Bloc quizá haya complicado esa posible moción, puesto que la histórica militante nacionalista, Paca Sevila, ha sido expedientada y su relación con los otros dos concejales del Bloc es inexistente. Pero las espadas permanecen en alto.