VICENTE ZARAGOZA
A
lo largo del día de hoy está previsto que concluyan los trabajos de reparación de la fuga de agua del embalse de Guadalest, originada por la rotura de una válvula que resultó dañada el pasado mes de octubre durante una operación de cierre de la conducción general que abastece a la comarca. Un equipo de cinco buceadores trabajaba para desmontar el último de los dos escudos instalados en su día para taponar la toma de agua para abastecimiento, a 30 metros de profundidad, en la cara interior de la presa. La importancia de estos trabajos, para los que se han invertido seis meses y 1,6 millones de euros, en una obra que la Confederación Hidrográfica del Júcar la declaró de emergencia, lo da el hecho de que hoy, seis meses después de la fuga, el embalse estaría casi vacío y la Marina Baixa tendría problemas para el abastecimiento durante el verano, de no haberse tomado las medidas que se adoptaron el pasado mes de octubre.
Hasta dos escudos, o campanas, de acero se tuvieron que instalar frente a la boca de salida de agua para el abastecimiento y poder sellar la presa, evitando la fuga de los quinientos litros por segundo de agua que salían en los primeros momentos de la avería. Los escudos han permitido también poder operar en las galerías internas de la presa y reparar el tramo de la conducción afectada por la rotura, trabajos que se han prolongado a lo largo de seis meses.
Durante todo este tiempo la Marina Baixa se ha estado abasteciendo desde la segunda toma que existe en la presa, prevista únicamente para situaciones excepcionales, como es este caso.
Técnicos de la Confederación Hidrográfica del Júcar dirigían ayer la retirada de los escudos y comprobaban el buen funcionamiento de las válvulas y la conducción que se ha repuestos.
Abajo, a 30 metros de profundidad, buceadores de la empresa Servicios Técnicos Subacuáticos, con sede en el Puerto de Santa María, se empleaban a fondo para desmontar las dos campanas, utilizando martillos hidráulicos y lanzas térmicas para poder retirar la masilla epoxi y los pernos usados para fijar los escudos. Unas campanas de cerca de tres metros de diámetro por cuatro de altura instaladas con ayuda de grúas, que evitaron que la comarca se quedara sin una de su más importante reserva de agua.
Los buceadores trabajan en turnos de una hora: emplean diez minutos para bajar, 35 para trabajar a entre 29 y 31 metros de profundidad, y otros 25 minutos para ascender y realizar las preceptivas paradas de descompresión, explicaba el coordinador del equipo, Javier Preyser.