J. FAURÓ
ingún alcalde de Benidorm de las últimas décadas ha salido indemne de Armanello, la partida municipal que acoge los últimos palmos de lo que fue "la huerta" de Benidorm y un mercadillo privado. No salió indemne José Such, como tampoco lo hicieron el socialista Manuel Catalán ni los populares Eduardo Zaplana y Vicente Pérez Devesa. El actual primer edil, Manuel Pérez Fenoll, bajo cuyo mandato se puede ejecutar definitivamente el plan si la crisis inmobiliaria lo permite, tiene, por eso mismo, escasas probabilidades de salir ileso de esta ensalada urbanística.
El Plan General de Benidorm revisado en los 80 en época del PSOE determinó que sería esa zona y no otra la que resolvería el crecimiento de un municipio que vive del turismo y el mercado inmobiliario. Las familias "de toda la vida" se echaron encima del ejecutivo de Catalán Chana. Años antes, sin embargo, la Corporación presidida por el padre de la consellera de Turismo dejó en herencia un mercadillo que logró licencia por silencio administrativo y que, en los años siguientes, ningún alcalde ha sido capaz de eliminar pese al clamor de los comerciantes locales.
Con apoyo de una tránsfuga del PSOE, Eduardo Zaplana prometió nada más tomar posesión del cargo que acabaría con el rastro que cada miércoles y domingo se instala en el Rincón de Loix. Se trataba de engatusar al comercio "oficial" con dicha promesa, pero Zaplana no contó con la movilización masiva de los mercadilleros, que llegaron a exhibir por todo Benidorm pancartas de gusto más que dudoso.
Vicente Pérez Devesa tampoco tuvo mejor suerte. No vivió para ver el cielo de Armanello poblado de grúas. Paciente con los contenciosos que aún perviven resolvió que sólo las normativas acabarían dándole la razón. El plan parcial ha sido desbloqueado por la Audiencia Provincial y sólo su ejecución permitirá finiquitar el mercadillo Pueblo casi 30 años después.