VICENTE ZARAGOZA
L
a semilla por la pasión hacia el Quijote que atesora Tomás Lloret se sembró allá por los años cincuenta en su pueblo natal de Orxeta, "cuando todos los días y puestos en corro alrededor de la mesa del maestro", tal y como él describe, les hacía leer en voz alta una adaptación escolar de la editorial Luis Vives de Don Quijote de la Mancha. Desde entonces la obra maestra de Miguel de Cervantes se convirtió en su libro de cabecera. Hoy, Tomás Lloret cuenta en su biblioteca con más de 350 volúmenes del Quijote, lo que la constituye en una de las colecciones privadas más importantes de España dedicadas a esta obra.
Pero no sólo se trata de tener tantos volúmenes de la obra, sino usarlos y leerlos. Tomás se conoce cada una de las obras que posee y tiene como orgullo haber leído de cabo a rabo Don Quijote de la Mancha media docena de veces, entre ellas, una edición facsímil del original, otra en esperanto y una en francés.
Confiesa que su afición por el Quijote le ha convertido en un ratón de bibliotecas de librerías de lance, en las que, cuando su tiempo lo permite, se pasa horas buceando entre libros para conseguir alguna edición que no posea. Aunque ahora, en plena era de Internet, es a través de este medio donde ha conseguido alguna de sus obras más importantes, como una edición de superlujo ilustrada que data de 1863, por la que estuvo negociando durante casi dos años hasta conseguirla, y hoy conforma una de sus joyas.
Las diez obras del Quijote del siglo XVII, de 1605 a 1674, son ediciones facsímil y las que ven la luz a partir de 1711, la mayor parte de ellas son originales. En total unos 350 volúmenes que ha ido buscando pacientemente, en buena parte por sus ilustraciones, de las que, junto a uno de los más conocidos que recrean las andanzas del insigne caballero andante, Gustave Doré, figuran los más importantes ilustradores que han dedicado una parte de su obra a Don Quijote.
En la colección se hallan igualmente obras en 25 idiomas, entre ellas las occidentales más conocidas, así como en hebreo, turco, ruso, hindú, japonés, gujarati, chino y árabe.
"Sigue siendo mi libro de cabecera y releo alguno de sus capítulos", señala Tomás Lloret, quien además confiesa que su pasión por el Quijote le solucionó más de un trabajo en su tiempo de estudiante, "porque siempre los hacía sobre esta obra".
La continuidad en la afición de Tomás Lloret está garantizada, ya que ha sabido inculcar este amor por la lectura, y especialmente por el Quijote a sus dos hijos, Marta, de 25 años y Tomás de 24, convertidos ahora en sus mejores colaboradores. La colección sólo ha salido una vez de la biblioteca, para exponerse, en parte, en la Casa de Cultura en 2005.