VICENTE ZARAGOZA
L
a comarca de la Marina Baixa afronta la mejor campaña de níspero de los últimos 20 años, según coinciden en afirmar los técnicos de las distintas cooperativa agrícolas que conforman la denominación de origen Nísperos de Callosa. Las primeras estimaciones apuntan a que este año se superarán los 17 millones de kilos que se calculaban, debido especialmente al calibre que está consiguiéndose en el árbol.
Tanto por calibre, como por la calidad de la fruta, la cosecha que se encuentra al 15 de su recolección a estas alturas, se desarrolla en unas condiciones extraordinarias. La climatología registrada en la comarca desde el pasado otoño es la que ha provocado que ésta se haya adelantado en unas dos semanas, lo que ha hecho que sea la única fruta de la temporada en todo el hemisferio norte que se encuentre en el mercado, situación que se prolongará al menos otras dos semanas, hasta que lleguen las primeras cerezas y los albaricoques, según indican los expertos.
Actualmente, en la cooperativa Ruchey de Callosa d'en Sarrià están entrando una media de 100 toneladas de nísperos al día, el 70% de los cuales se exporta a los mercados italianos, según señalan fuentes de la entidad.
El desarrollo de la recolección de la fruta se está produciendo también en óptimas condiciones, dado que las temperaturas nocturnas descienden a los 10 grados mientras que las diurnas se sitúan en torno a los 20, lo que supone que la maduración se produzca de un modo escalonado y controlado, lo que también evita la saturación de los mercados.
Los agricultores de la comarca ya están utilizando los contingentes de trabajadores que los sindicatos agrarios tenían preparados desde Polonia y Lituania, además de los trabajadores del campo procedentes de otras regiones españolas, según señalaron estas mismas fuentes.
El ingeniero agrícola de la Cooperativa de Callosa, Esteban Soler, corroboraba que el balance de la campaña, después de tantos años de penumbra en el sector, "por fin puede darnos alguna alegría", señalando que estábamos ante un "año excepcional", porque ha sido un invierno sin mucho frío, con la lluvia adecuada para el engorde de la fruta y sobre todo con una temperatura ideal para que el níspero culmine el proceso de maduración con lentitud, lo que hace que adquiera un grosor fuera de lo común.