J. MARÍN / V. ZARAGOZA
L
a ciudad de Benidorm se despertó ayer sin la presencia de la persona que ideó, auspició y protagonizó su despegue turístico. El ex alcalde, siempre alcalde para muchos, Pedro Zaragoza, había fallecido nada más iniciarse el primer día de abril. Un suceso que conmocionó la localidad desde primeras horas del día puesto que Pedro Zaragoza lo ha sido todo para sus vecinos.
El alcalde Manuel Pérez Fenoll, ofreció el Salón de Plenos del Ayuntamiento para instalar la capilla ardiente y realizar todos los actos protocolarios y honores que le correspondieran. Pese a las reticencias iniciales, la familia accedió y antes de llegar el cuerpo procedente del tanatorio Marina Baixa, las banderas ya ondeaban a media asta.
Poco después, el Pleno, reunido en sesión extraordinaria y urgente, acordaba proponer la concesión de la Medalla de Oro de la ciudad al que fue su alcalde desde 1950 hasta 1966, no sin antes manifestar las condolencias y pésame de la corporación municipal en nombre del pueblo de Benidorm a quien no sólo fue alcalde sino Hijo Predilecto de la villa desde el año 2001.
Agradecimiento
El Pleno, por razones obvias, se celebró en la sala de reuniones instalada en la primera planta del Consistorio, con la presencia de toda la corporación y algunos allegados al finado. Allí, Pérez Fenoll, lamentó "lo difícil que es expresar el agradecimiento a Pedro Zaragoza en tan poco tiempo". De él dijo que no era sólo un visionario, sino que "amaba tanto a su tierra y creía tanto en sus vecinos, que supo encaminarse hacia el futuro que ahora tenemos". Pérez Fenoll recordó que en el año 1952 "decidió comprar los pozos de agua de Xirles, lo cual marcó el inicio del camino" y precisó que en seguida se dio cuenta que "nuestra joya eran las playas" por lo que "fue el primero que propició que las aguas fecales vertieran detrás de Sierra Helada en lugar de hacerlo en la playa". Del mismo modo se refirió al Plan General de Ordenación Urbana de 1956 "que hoy tiene el reconocimiento de ser el mejor que puede tener una ciudad sostenible". Asimismo incidió en que la figura de Pedro Zaragoza fue quien "inventó el marketing turístico".
Por su parte, el portavoz de la oposición, el socialista Agustín Navarro, lamentó "la gran pérdida que supone para la ciudad" y recalcó que "sin Pedro Zaragoza Benidorm no sería lo que hoy es". Navarro matizó que "en su día le hicimos el reconocimiento con el nombre de una calle y el nombramiento como Hijo Predilecto, y hoy estamos por la unanimidad en la concesión de la Medalla".
Muchas personalidades
Después del Pleno, la llegada de personas hasta la capilla ardiente se hizo continua, del mismo modo que la presencia de personalidades. Entre ellas el secretario autonómico de Comercio, Matías Pérez Such, los ex alcaldes de Benidorm José Llorca, Rafael Ferrer Meliá, Miguel Pérez Devesa y Manuel Catalán, representantes de otros municipios, y amigos personales como José María Aguirre González, dueño de Dragados y Construcciones y presidente del Banco Guipuzcoano que voló en su avión particular y que hoy volverá para estar presente en el entierro.
También la subdelegada del Gobierno, Encarna Llinares, acudió por la tarde, así como el presidente de la Diputación, José Joaquín Ripoll, que precisó de él que "fue una persona con una mentalidad nunca falta de lucidez desde la atalaya de su experiencia, que aportaba siempre su punto propio de clarividencia y cercanía". Encarna Llinares destacó del ex alcalde "su visión de futuro, innovadora para sus tiempos, su talante y su humanidad al margen de las ideologías".
Mientras tanto, más de medio centenar de coronas de flores adornaban la capilla ardiente, presidida por la imagen de la Virgen del Sufragio, patrona de Benidorm. El pendón de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, de la que fue fundador el ex alcalde, aparecía con crespón negro por primera vez.
El desfile de quines querían expresarle su último adiós se hizo más patente aún por la tarde, cuando hubo momentos en que el Salón de Plenos llegó a colapsarse. Todo Benidorm quiso estar con su alcalde en la hora de su adiós.