JOSÉ A. MAS
San Francisco de Asís fue el protagonista del último día de las fiestas patronales y de Moros y Cristianos. Tras una intensa trilogía festera, los crevillentinos dedicaron la última jornada a venerar la imagen de San Francisco, que ocupó un lugar preferente en todos los actos.
A primeras horas de la mañana, las mujeres festeras volvieron a participar en la ofrenda floral. A ritmo de pasodobles y marchas alegres las reinas y sultanas de las comparsas desfilaron ante el patrón dejándole ramos de flores. La solemne misa festera-cantada abarrotó las naves de la parroquia de Nuestra Señora de Belén. A los cargos festeros y representantes de la asociación de fiestas y del Ayuntamiento se unió un gran número de vecinos que llenó el templo parroquial. En el oficio religioso participaron la Banda Unión Musical, Coral Crevillentina, Coro Rabinos y Coro Voces Graves de Crevillent. Al término de la eucaristía, se interpretó el Himno a la Festa bajo la dirección de Ramón Mas Soler dentro del mismo templo.
Por la tarde, el ambiente festero se volvió más solemne. Los vecinos de la localidad, los hombres de las comparsas y los cargos de la fiesta participaron en la procesión popular y festera en honor a San Francisco de Asís. Antes de que terminara, con San Francisco en el plaza de la Constitución, se disparó un gran castillo de fuegos artificiales a la vez que sonaba, por última vez en estas celebraciones, el Himno a la Festa. Un auténtico broche de oro a unas fiestas en las que la imaginación y el ingenio de las comparsas han sido fundamentales para que la mala situación económica actual empañase lo menos posible unas celebraciones declaradas de interés turístico nacional.