POR S. V. B.
El concepto de restauración ha ido modificándose con el transcurso del tiempo. En la antigua Roma, el Panteón fue derribado y reconstruido en el mismo lugar y con la misma función tres veces. De esa manera se entendía la restauración en el mundo romano, tal como dice G. Micarelli-Mariani en su artículo Historia de los criterios de intervención en el patrimonio arquitectónico, del año1987.
Desde entonces, las intervenciones en edificios existentes han sido diversas, desde luego siguiendo criterios muy variados. Al efecto, recordemos tres muestras: la intervención de Alberti en la transformación del Templo de Malatesta en Rimini, modificando la geometría de la piel envolvente en el exterior; la de Borromini para el templo gótico de San Gionavi Laterano, donde hizo desaparecer los elementos góticos pero, manteniendo la tipología del edificio, lo transformó en una obra barroca; finalmente, en Córdoba la inclusión del templo cristiano en la mezquita, supuso un cambio espacial considerable, aun dejando legible la trama de origen.
En restauración, la aplicación de nociones como pasado y presente precisa de la necesaria distancia crítica frente al pasado, con la intención de afrontar la actuación más conveniente. En todo caso, los criterios de intervención han incorporado nuevos principios y, en consecuencia, avanzan en las soluciones de las respuestas. Bien es cierto, no siempre son afortunadas.
Si bien, al respecto, se hace necesario recordar que Cesare Brandi escribió: "La restauración es buena solo para la época que la justifica y puede ser pésima para la siguiente". Las intervenciones realizadas en Alcoy precisan del imprescindible desapego temporal para su apreciación objetiva.