POR JAIME LORENZO
Las películas de terror dirigidas a un público adolescente surgieron a mediados de los años cincuenta, cuando la productora American International Pictures, que dirigían Samuel Z. Arkoff y James H. Nicholson, ideó un método peculiar para vender sus películas, que consistía en no rodarlas: Arkoff y Nicholson tomaban una idea interesante y distribuían la propaganda antes de consumir un solo metro de celuloide: si el público parecía interesado, seguían adelante; en caso contrario, dejaban el proyecto en el limbo.
Así fue como advirtieron que la televisión retenía al público adulto en casa, pero que los jóvenes estaban dispuestos a pasar por taquilla con tal de que se les ofrecieran películas de ciencia-ficción, del oeste, de adolescentes motorizados (AIP inauguró la saga The fast and the furious en 1955) y de terror.
En junio de 1957, American International Pictures estrenó I was a teenage werewolf [Yo fui un hombre lobo adolescente]: se rodó en una semana por 80.000 dólares y el protagonista fue Michael Landon, quien por entonces tenía 20 años y aún no había dado con La casa de la pradera. Este primer licántropo juvenil acaba perseguido por la policía y abatido a tiros en un bosque. La imagen del hombre-lobo como reflejo de las transformaciones de la adolescencia se expresa de modo no demasiado sutil, porque Landon se convierte en lobo tras observar a una compañera de instituto en el gimnasio.
Estrenada en España como De pelo en pecho, la película de Rod Daniel Teen wolf (1984) reinterpreta la historia protagonizada por Landon en 1957. Fue escrita por Jeph Loeb (hoy vicepresidente de Marvel) y Matthew Weisman, quienes consiguieron vendérsela a la productora Atlantic Releasing y se aseguraron la intervención del actor Michael J. Fox. Eligieron a Rod Daniel como director porque comprendió que el guión no hablaba tanto de las transformaciones de la pubertad como de las relaciones padre-hijo (por la escena en que Michael J. Fox se transforma mientras está en el baño y se encuentra con su padre al salir). La historia presenta la particularidad de que esta vez el monstruo no significa una amenaza que es preciso eliminar, sino que es aceptado por sus compañeros; de modo que en cierto sentido Teen wolf defiende la necesidad de admitir la diversidad.
A principios de este mes de junio, la cadena MTV ha estrenado una nueva serie con el mismo título de la película de 1984, aunque este Teen wolf recupera los tonos sombríos de la versión protagonizada por Michael Landon y aporta además un erotismo impensable en 1957. Para advertir al espectador del cambio de registro, los guionistas han decidido abrir el primer episodio con una escena en que el actor Tyler Posey (nacido en Valencia, California), quien interpreta al joven licántropo, se encuentra en un bosque con el cadáver desmembrado de una mujer.
A diferencia del vampiro, el hombre-lobo es un monstruo proletario: en las ingeniosas novelas de Charlaine Harris que han inspirado la serie de TV True blood, los vampiros son ricos: poseen hoteles, líneas aéreas, compañías inmobiliarias y bares de moda y desprecian a los hombres-lobo, quienes se ganan la vida trabajando sobre todo en el ramo de la construcción; como empresarios, su máximo logro no va más allá de regentar un taller de reparación de motocicletas.
Además de no tener un céntimo, los licántropos tampoco parecen disfrutar del prestigio que otorga una tradición literaria como la que avala a los vampiros. Impresión engañosa, porque el mismísimo Cervantes incluyó en su novela Los trabajos de Persiles y Sigismunda (1617) una versión benévola del mito. En el capítulo quinto, el personaje de Antonio se encuentra rodeado por una manada de lobos cuando oye cómo uno de ellos le advierte "en voz clara y distinta" que le conviene abandonar la isla donde ha buscado refugio: "Español, hazte a lo largo y busca en otra parte tu ventura, si no quieres en ésta morir hecho pedazos por nuestras uñas y dientes".