POR JOAQUÍN QUÍLEZ FORTEZA
Hay libros que son fruto del entusiasmo, que son plasmación y renovación de un compromiso con una idea, un personaje o una obra. Con El Jornalero de la pluma, Los artículos de Azorín en La Prensa nos encontramos ante uno de esos libros, un estudio que incide sobre dos cuestiones centrales: por una parte, saca a la luz y contextualiza un corpus periodístico de notable interés, y por otra parte, reivindica los puentes culturales que existieron (existen) entre la Argentina y España.
Su autora, Verónica Zumárraga, argentina pero doctorada por la Universidad de Alicante, además de trabajar sobre la narrativa contemporánea y pertenecer a un equipo de investigación de la Fundación Ortega y Gasset Argentina, ha desarrollado durante años una labor de búsqueda y análisis que ha tenido como objeto principal la producción periodística de José Martínez Ruiz, Azorín, en la publicación argentina, La Prensa, convirtiéndose así en punto de referencia para otros especialistas. Si bien la obra del escritor ha sido y es motivo de numerosos estudios y análisis, se hace notorio que hay territorios todavía por descubrir, circunstancia que habla bien a las claras de la complejidad, profundidad y vigencia del legado azorianiano.
La vertiente periodística del escritor de Monóvar es particularmente interesante. Y en el caso del estudio de Verónica Zumárraga esa vertiente asume connotaciones que cruzan el atlántico para asumir una dimensión transnacional, de viaje que, sin embargo, es de ida y vuelta. Desde la sensibilidad de Azorín emprendemos vuelo a la sociedad y la cultura de la Argentina de la primera mitad del siglo XX, periodo histórico en la comunidad española en Buenos Aires y el resto del país muestra una alta significación. Cabe hacer referencia a una paradoja muy interesante: aunque Azorín no pisó nunca Argentina, su conocimiento y escritura sobre temas muy argentinos son notables.
Sobre este marco que podríamos llamar histórico-sociológico, o sociocultural, los documentos que aporta la especialista argentina, de gran valor documental y testimonial, la doctora Zumárraga posa su mirada sobre la mirada y la plasmación de la misma de un gran observador, que a fin de cuentas, de eso se trata el periodismo: de saber ver y saber contar aquello que ve. Y eso es lo que hace Azorín en los seiscientos setenta artículos a los que ha tenido acceso la autora del estudio. Contar aquello que ve o piensa de la manera única e intransferible de la que es capaz. Oficio, estilo, lecturas, léxico, connotaciones, todo sirve para que Azorín, jornalero de la pluma, vaya desgranando visiones y reflexiones que van desde el propio oficio del periodismo (sin duda uno de los aspectos más estimulantes, más vigentes, incluso ahora cuando el ejercicio de la narración de los hechos que componen la realidad se ha transformado tan radicalmente), a sus lecturas, al clima intelectual del tiempo que le tocó vivir, sus personajes, a ese universo que se encuentra en obras cruciales como La Voluntad.
El ejercicio de lectura de este estudio tiene algo de metaliterario. Es una lectura de las lecturas que Azorín hizo de un tiempo, de la realidad que le rodeaba pero también de una realidad que le era leída a miles de kilómetros de distancia, una biografía intelectual... Un estudio, el de Verónica Zumárraga, que se lee y transmite un entusiasmo necesario y pleno de vigencia.