POR GUILLERMINA PERALES
Los museos concebidos como meros contenedores de obras de arte, a la manera tradicional decimonónica, se han convertido en un lujo que no nos podemos permitir. Edificios con un mantenimiento muy costoso que, sin una programación cultural que implique a toda la sociedad, son vistos como mausoleos obsoletos solo visitados por una minoría de entendidos y curiosos.
Pero tenemos una responsabilidad con nuestro patrimonio artístico, con este conocimiento desarrollado durante generaciones que debe ser respetado, conservado y dado a conocer en las mejores condiciones. Pero cómo. Es de resaltar que, nombrados los políticos que nos van a gobernar en esto de la cultura, hasta la fecha, no sabemos cuál es su programa de actuaciones y cómo lo van a desarrollar. Quizá porque la cultura sea un algo inasible, etéreo, en la que cualquier intervención parece que escapa a las expectativas del político, que no sabe a ciencia cierta de su éxito, mejor no decir nada. La cultura como la sociedad globalizada que la acoge evoluciona. Hoy los movimientos, en otro tiempo marginales, forman parte de nuestra cotidianeidad. El Rap, el Manga, y tantos otros ejemplos de integración del arte en el tejido social confluyen en multitud de personas, sobre todo en los jóvenes, que se ven protagonistas de la modernidad. Una juventud activa que está harta de que la excluyan de los programas, que en teoría se piensan para el desarrollo de los valores vivos de una comunidad, que demanda que las clases políticas respeten unas necesidades prioritarias. Hacen muy bien, ese debe ser el sentido de cualquier proyecto público.
Acorde con esta realidad, desde hace menos de una década, han nacido por todo el territorio nacional espacios multidisciplinares que tratan de interesar a todo el mundo, desarrollando actividades en las que el ciudadano se sienta el propio investigador de su tiempo. Espacios que comenzaron en las ciudades europeas y americanas y que dada su aceptación, por parte de una mayoría social, y vista su efectividad se han proyectado en Barcelona, Madrid, y poco a poco en el resto de las capitales y ciudades, Murcia, Elche, también en Alicante con Las Cigarreras. Quien haya vivido la creación de este nuevo espacio se dará cuenta de la gran atracción que supone ya para el público poco formado, sin mucha cultura artística, pero sin embargo con muchas ganas de participar, al punto que jóvenes y menos jóvenes están yendo por primera vez a conciertos musicales, teatro y a eventos de todo tipo, con el acceso a Internet y a las nuevas tecnologías, etc. En un espacio que está al mismo tiempo concebido como soporte de una actividad expositiva tradicional, quiero decir, que se pueden ver exposiciones artísticas de gusto minoritario en muy buenas condiciones. Así toda la gente que no suele ir al museo se encuentra con algo que les produce inquietud y curiosidad. Y esto no puede ser más que positivo. Se trata de que el público que se interesa por el Rap, por la música urbana, el teatro alternativo, acceda sin ninguna dificultad a otras posibilidades de expresión y visualización de la cultura, enriqueciendo su propio discurso. Este éxito se avala desde el punto de vista de lo multidisciplinar, desde los diversos ejes de la concepción artística o simplemente desde el trabajo creativo. Nuestra sociedad, la mundial, es producto en parte de nuestros sistemas de gobierno que han potenciado este sustrato social mayoritario falto de formación. Hoy en día, el estatus económico prima sobre el cultural. Pero a pesar de todo, el ser humano es siempre el mismo, no cambia en sus aspiraciones, es un ser cultural, necesita de la creatividad, de estimular su conocimiento. Y dentro de sus propias limitaciones quiere encontrar el apoyo en la sociedad que lo ha creado, a la que se dirige con toda legitimidad para pedir las armas con las que poder expresarse. De la misma manera que la sociedad ha producido trabajos en los cuales no se necesita una preparación excesiva, con la especialización de los estudios en tiempos mínimos, con el desarrollo de determinadas pautas también se puede acceder de manera directa a la creación. Un curso de realización de cortos con el móvil está hablando de creatividad, de técnica. Los que dan estos cursos, si son realmente profesionales, pueden expandir su conocimiento y provocar el hecho creativo sin pasar por la academia. El ser humano tiene la capacidad innata de crear, ésta es su máxima facultad, sin ella hubiera desaparecido. Necesitamos por medio de la reflexión llegar a concebir cosas que nos sirvan para sobrevivir o para justificar nuestra existencia, desde saber como cazar un venado hasta expresarnos con música.
Pero hoy en día el arte ha derivado hacia una complejidad muy superior a la que la sociedad demanda, de ahí su divorcio. Y el museo tradicional reafirma aún más esta separación si solo se dedica a ser un contenedor de obras sin explicar cómo se produce la plástica y su relación con los movimientos contemporáneos. El Pop ha dado a la sociedad su mayor protagonismo, con la proyección de la propia reacción del individuo desde lo más marginal. Esto lo entendieron muy bien artistas como Andy Warhol y Keith Haring. EE UU, país creador de las iniciativas populares de este siglo XX y también de las más elitistas, potencia la relación de las diferentes manifestaciones, de manera que el grafiti influye en la pintura y a la inversa, proyectándose sobre el tejido global. Hoy la poesía escrita se concibe en un proyecto plástico junto con el sonido electrónico, la imagen digital y su difusión en Internet, É.
La única solución del museo es crear expectativas para relacionar los diferentes sectores de una sociedad. Si algo sucede en Internet, el lugar de encuentro ha de ser Las Cigarreras. La inteligencia de la dirección del MACA es encontrar esa unión donde el arte culto y las manifestaciones más populares convivan y compartan conocimientos, y el público mayoritario se integre en una dinámica cultural más amplia. Es un despilfarro inútil tener una de las mejores colecciones de arte del siglo XX y no sacarle beneficio, en una ciudad tan falta de una imagen cultural.