POR GUILLERMINA PERALES
La cultura, sobre todo en arte, es algo que aparentemente no soluciona conflictos sociales ni crisis económicas. Parece evidente que sin El Quijote o sin Les Demoiselles d'Avignon, nuestra historia hubiera sido la misma, las mismas guerras, hambrunas, enfermedades. O no, quizá el arte y la literatura construyen esas vías de entendimiento que hace que los individuos intentemos superar prejuicios y crear mejores condiciones de vida. Pero para entender los productos culturales más ambiciosos, más elaborados, más comprometidos, es necesaria la formación. Y aquí reside nuestro principal problema: la formación de la mayoría es muy deficiente. Éste es un mal que tiene que ver con la educación de esta nación, con nuestros planes de estudio, y el menor lugar que se le da al arte en ellos. La respuesta de las instituciones no es otra que programar actos con un cariz populista, o con grandes nombres, pero que en realidad no interesan ni a la mayoría ni a esa pretendida elite a la que se dirigen, que cada vez está menos formada y que por lo tanto es más inexistente. Está claro que si viene un personaje mediático importante, la sala se llena y el éxito está asegurado. Pero eso no es exactamente hacer cultura, pues muchos de estos personajes son conocidos no por su valor intrínseco y contrastado, sino por otros factores, a veces, extraculturales. Pero si lo realmente importante es que la cultura llegue a todos los ámbitos sociales, que no sea privilegio de unos pocos, de unas elites formadas, ¿qué hacemos?
En el ámbito nacional y europeo, se están desarrollando experiencias que tratan de solventar este problema global de la falta de información del individuo, a partir de proyectos ubicados en el propio entorno, que conllevan la conexión de los diversos sectores sociales y las distintas generaciones que lo ocupan, con intereses comunes en el conocimiento de su tiempo. Actuaciones de tipo colectivo, donde la gente puede participar independientemente de la edad y altura cultural, donde mezclar a un público diverso es siempre positivo, pues cada cual aporta cosas que pueden interesar al otro. De otra forma, ¿qué interés tiene exponer figuras y contenidos ya muy presentes en los medios habituales, conocidos ampliamente por todos, si no es para contrastarlos con la realidad más inmediata? Pero si no conocemos esta realidad, ni a sus protagonistas, si no tenemos la información para analizar los factores que hacen posible la elaboración de cualquier producto artístico o cultural, en nuestra propia sociedad, ¿qué interés podemos tener en la cultura?.
Una sociedad inculta, sin este conocimiento para gestar sus propios productos culturales, será una sociedad paralizada, menos exigente, que no cuestionará al poder y será menos crítica, pero también incapaz para encontrar soluciones sin el recurso de la violencia. Estos proyectos están demostrando que la apatía, aquí diríamos menfotismo alicantino, no es una condición innata del individuo, sino todo lo contrario, la información crea sociedades activas, participativas, donde había inmovilismo, incluso rechazo. La resignación sólo es producto de encontrarse constantemente frente a las instituciones, con la imposibilidad de realizar los proyectos que los individuos piensan para incidir en su propio entorno. Sin llegar a describir cuáles son las pautas de comportamiento de esos centros culturales, éste no es el espacio para ello, sí podemos constatar que es posible la activación cultural, los resultados están ahí, a disposición de todo el mundo, y las fórmulas para llevarlo a cabo también. Pero evidentemente estas fórmulas se tienen que acoplar teniendo un gran conocimiento de la realidad de cada lugar y desde un sentido profundo de lo que es la función de la cultura. Sin esto, está demostrado que no basta con copiar, eso lo sabemos hacer todos, hay que saber lo que se copia. Sólo desde este conocimiento es posible hacer una cultura para todo el mundo, con verdaderos resultados positivos, buscando fórmulas de superación de viejos traumas. Hemos oído tantas veces "esto no tiene arregloÉ, por mucho que se haga siempre estamos igualÉ, ya lo hemos intentado pero nadie respondeÉ", que muchos ya lo creen. Pero no nos podemos escudar en la desinformación de la sociedad para disculpar los malos resultados obtenidos en la programación de eventos carentes de sentido, desconectados de una sociedad como la existente.
No es sencillo cambiar conceptos tan establecidos, sobre todo, con la desinformación y el desencanto. Pero sabemos que todo se puede analizar desde diferentes ópticas, todo se puede releer, profundizar. Estimular el trabajo imaginativo y las propuestas desde las diferentes miradas que componen una sociedad funciona, acertando en los procedimientos desde el consenso, para lo que es fundamental saber plantear y propiciar el debate. A la hora de organizar algo, sea lo que sea, conferencias, exposiciones, talleres, etcÉ el principal fin debe ser llegar al mayor número de personas, no sólo a las cultas y preparadas, sino a cualquier colectivo social: albañiles, empleados de banca, médicos, tenderos,É Esta es la clave, proporcionar los medios para acceder a la información, conseguir que cualquier individuo se sienta partícipe en la cultura. Si no es así, si permanecemos en la dinámica actual de desinformación, seguiremos cada vez más dispersos y perdidos sin saber responder a las demandas de nuestra sociedad. Caeremos, constantemente, en un estado de apalancamiento, perdiendo a muchas de las personas que intentan hacer algo, pues se entiende que Alicante es una ciudad sin futuro, sólo de sol y playa.