ELVIRA GARCÍA ALARCÓN
Con el objetivo de difundir el pensamiento del prestigioso intelectual contemporáneo Edgar Morin (París, 1921), la editorial Paidós ha creado la Biblioteca que lleva su nombre. La colección se inaugura con "Breve historia de la barbarie de Occidente" y "Para una política de la civilización". Esta última es una obra breve, intensa, estimuladora, que cuestiona nuestra idea de desarrollo, y aboga por una metamorfosis social.
En apenas cien páginas, este "pensador planetario", como lo definió Alain Touraine, evidencia la complejidad del mundo que habitamos, y nos ofrece una vía de actuación política. Son graves las amenazas y muchos los problemas surgidos en nuestra civilización: la coexistencia anónima propiciada por el desarrollo tecnológico, la deshumanización en las urbes, el aumento de las soledades, los suicidios, las hospitalizaciones psiquiátricas, el consumo de tranquilizantesÉ Contra la común opinión que tiende a considerar estos males como privados, el filósofo mantiene la necesidad de tratarlos como "indicadores del malestar de una civilización".
Con loable claridad, Morin rastrea las resistencias e iniciativas dispersas, y plantea su sistemización para conferirles una dimensión política. Debemos proyectar y fomentar, nos advierte, una "rehumanización de la vida cotidiana" con políticas fundamentadas en "imperativos" como solidaridad, calidad de vida, regeneración, responsabilidad; será el Estado quien proporcione los medios y los marcos para ello. El autor señala a Francia como la posible pionera en esta misión, extensible a Europa y a otros continentes. ¡La humanidad no puede mantener este ritmo autodestructivo!
Desde que publicara su primer libro, "El año cero de Alemania" (1946), numerosísimas obras y artículos, la creación y participación en instituciones y organizaciones sociales, así como su propia vida dan cuenta de la intensa actividad productiva de Edgar Morin. A los quince años militó en solidaridad con los anarquistas catalanes, y continuó con actividades "subversivas" hasta que, a finales de 1941, se unió al Partido Comunista Francés del que fue expulsado, diez años más tarde, por su espíritu crítico. En la actualidad, a sus ochenta y cinco años, continúa siendo el vivo ejemplo de que la lucidez, el compromiso y la esperanza no son consustanciales a la juventud.