sin moverse de casa

Escribir cine

 01:41  

por jaime lorenzo Sus observaciones en las páginas de The Guardian y en la BBC han hecho de Mark Kermode uno de los críticos cinematográficos más respetados del Reino Unido. Acaba de publicar un libro, The good, the bad and the multiplex: what's wrong with modern movies? [ El bueno, el malo y el multicine: ¿qué es lo que falla en el cine actual? ] (Random House). Kermode dedica 328 páginas a defender, entre otras, su teoría de que películas como Piratas del Caribe: en el fin del mundo no gustan a nadie.
Kermode ilustra su razonamiento con recuerdos de sus tiempos de estudiante en Manchester: se había instalado en una zona de viviendas municipales. Los edificios se encontraban en pésimas condiciones, pero los alquileres eran mínimos (además, nadie pagaba). De cuando en cuando aparecía por allí algún funcionario del Ayuntamiento. Nadie presentaba una queja. Sencillamente, el vecindario no esperaba más. Con tal que el techo no les cayera encima, se daban por contentos.
"Lo que quiero decir con esta historia es que quienes creen que han disfrutado con Piratas del Caribe 3 sufren el equivalente cinematográfico de una larga temporada de privación de los más elementales beneficios de una existencia civilizada".
¿Cómo se ha llegado a esta situación? Porque las superproducciones actuales no pueden perder dinero a medio plazo "si cuentan con actores famosos, escenas espectaculares y un presupuesto de tal magnitud que se convierte en noticia".
Kermode cita el ejemplo de Pearl Harbor: "hasta las amebas saben que es una película rematadamente mala", y cualquiera pudo preverlo antes del rodaje sin más que hojear el guión de Randall Wallace. ("Una cosa es no saber escribir; pero no saber leer es imperdonable", afirma Kermode, en alusión al productor Jerry Bruckheimer). La crítica vapuleó la película y todo hacía prever un fracaso estrepitoso en taquilla.
Sucedió lo contrario: Cuando Pearl Harbor terminó su carrera en los cines había recaudado en torno a 500 millones de dólares; el lanzamiento del DVD se convirtió en otro éxito rotundo.
Si "todo el mundo, antes de verla, esperaba que fuese rematadamente mala", ¿por qué tanta gente decidió pagar por ver Pearl Harbor, a sabiendas de que no le iba a gustar?
Porque, explica Kermode, Pearl Harbor se había convertido en "noticia", gracias a los chismes sobre los actores y a la desenvoltura con que el guión manipulaba los sucesos de 1941; pero en especial, por su desmesurado presupuesto. La propaganda se ocupó de informar que el coste de la producción había igualado el de los daños producidos por el bombardeo japonés en 1941; tampoco tuvo reparo en hacer saber que con el dinero gastado en la fiesta del estreno se podría haber rodado por segunda vez Billy Elliot.
Aunque las críticas fueron malas, casi todas aludieron a la fabulosa inversión exigida por el rodaje; de modo que "tras leer el comentario, por duro que fuese, el lector retenía la idea de que Pearl Harbor había costado un montón de millones, y que por el precio de la entrada podía ver a dónde había ido a parar todo aquel dinero. Aquello era lo que importaba".
A partir de entonces, se ha llegado a una situación en que películas como la serie Piratas del Caribe han pasado a ocupar una especie de limbo crítico, y cualquier comentario negativo sobre ellas se considera una pedantería, propia de quienes menosprecian los gustos del público: "lo cual no es más una solemne bobada, que pretenden hacernos creer unos individuos a quienes sólo les interesa el dinero, a la vez que el cine les trae absolutamente sin cuidado".
La ley según la cual guiones inteligentes y películas populares resultan incompatibles es falsa, afirma Kermode, quien cita el caso de Origen (Christopher Nolan, 2010).
¿Se puede afirmar que Origen fue un éxito de taquilla porque contaba con un guión elaborado? "Quisiera creerlo, pero no", admite Kermode; "si se invierte el suficiente dinero, se consigue un reparto de primera fila y se incluyen grandes efectos especiales, lo más probable es que la película no pierda dinero, con independencia de lo ingeniosa o estúpida que sea (...) Pero lo cierto es que un guión inteligente jamás hará que la película fracase ni desanimará a los espectadores, que pagarán por verla aunque no la entiendan del todo, del mismo modo que acuden a ver películas que son una basura y con las que en realidad se aburren. Como Pearl Harbor"

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